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El 26 de agosto de 1988, el submarino peruano BAP Pacocha fue embestido por el pesquero japonés Kiowa Maru frente al puerto del Callao y se hundió en aproximadamente cinco minutos. Varios tripulantes lograron salir durante el hundimiento, pero 22 quedaron atrapados en el compartimento de torpedos de proa, a unos 43 metros de profundidad. Permanecieron allí cerca de 23 horas, con el aire deteriorándose y la presión interna aumentando, hasta que escaparon por sus propios medios mediante una maniobra de ascenso controlado. La mayoría sobrevivió, aunque el accidente causó numerosas muertes y graves lesiones por descompresión.

Qué ocurrió cuando el Pacocha fue embestido

El BAP Pacocha era un submarino de origen estadounidense que había sido incorporado a la Marina de Guerra del Perú. La tarde del 26 de agosto navegaba en superficie hacia su base del Callao después de realizar ejercicios. Poco antes de llegar al puerto, el Kiowa Maru, un pesquero japonés de aproximadamente 412 toneladas, golpeó su sector posterior con la proa reforzada que utilizaba para operar en aguas frías.

El impacto abrió una brecha en el casco resistente y provocó la entrada de agua y combustible en los compartimentos de popa. El submarino perdió estabilidad rápidamente. Según el informe técnico elaborado posteriormente por especialistas de la Armada estadounidense a petición de la Marina peruana, el Pacocha descendió hasta el fondo en unos cinco minutos, a una profundidad aproximada de 140 pies, equivalentes a unos 43 metros.

La rapidez del hundimiento impidió aplicar de manera ordenada todos los procedimientos previstos. Algunas escotillas y válvulas permanecían abiertas, y el pesquero continuó hacia el puerto sin comprender inicialmente qué había golpeado. El comandante Daniel Nieva murió cuando intentaba cerrar una escotilla de acceso y limitar la inundación.

Quiénes lograron salir antes de que el submarino tocara fondo

Durante el descenso, 23 hombres consiguieron abandonar el submarino y llegar al agua. La operación fue extremadamente peligrosa porque ocurrió de noche, en el mar frío y cerca de una nave que se hundía. Tres de esos hombres murieron por exposición antes de que llegara la ayuda, de acuerdo con la reconstrucción médica posterior.

Otros tripulantes murieron en compartimentos inundados. Las cifras publicadas en los días posteriores no fueron completamente uniformes: algunos informes periodísticos hablaron de una dotación de 52 personas, mientras que la revisión técnica estadounidense reconstruyó una situación operativa de 49 hombres a bordo. La diferencia se explica por los distintos recuentos realizados durante la emergencia. La secuencia esencial, sin embargo, está documentada: 22 tripulantes quedaron aislados en la sección delantera y fueron quienes protagonizaron el rescate bajo el agua.

Cómo sobrevivieron 22 marinos atrapados bajo el mar

Los supervivientes se concentraron en la cámara de torpedos de proa, uno de los pocos espacios que permanecieron habitables. El cierre de puertas estancas y el control de la inundación evitaron que el agua alcanzara inmediatamente ese compartimento. La tripulación también utilizó las reservas de aire del submarino y productos absorbentes destinados a retirar dióxido de carbono.

El problema no era solo quedarse sin oxígeno. El dióxido de carbono se acumulaba a medida que los hombres respiraban, mientras que la ventilación normal había dejado de funcionar. Además, la entrada de agua y el uso de aire comprimido elevaron gradualmente la presión del compartimento. El informe médico calculó que la presión interna pudo alcanzar un nivel equivalente a unos 54 pies de agua de mar por encima de la presión atmosférica.

Los hombres racionaron sus movimientos y trabajaron para mantener funcional el sistema de escape. También se comunicaron con los buzos mediante golpes en el casco. Esas señales permitieron confirmar que había supervivientes y transmitir instrucciones básicas, aunque durante parte de la operación se temió que el rescate externo tardara demasiado.

Por qué el rescate convencional no pudo utilizarse a tiempo

La Marina peruana solicitó apoyo estadounidense y se activó un sistema de rescate submarino. Sin embargo, el equipo especializado no podía llegar con la rapidez necesaria. Mientras tanto, la atmósfera dentro del Pacocha empeoraba y el dióxido de carbono alcanzaba niveles peligrosos. Los rescatistas debían decidir entre esperar un dispositivo diseñado para extraer a la tripulación o intentar una salida inmediata con los medios disponibles.

La profundidad era decisiva. A unos 43 metros, un ascenso directo sin control podía provocar enfermedad por descompresión o embolia gaseosa. Los marinos no disponían de una cámara de escape moderna conectada a la superficie. Debían entrar en una cámara de escape, igualar su presión con la del agua y abrir una escotilla lateral. Después ascenderían impulsados por la flotabilidad de sus equipos y sus chalecos de escape.

El dilema se agravó porque la presión dentro del compartimento no era igual a la presión atmosférica. En retrospectiva, el informe estadounidense consideró que la decisión de evacuar mediante ascenso libre fue extraordinariamente arriesgada, pero probablemente era la opción menos peligrosa ante el deterioro del aire.

Cómo salieron los supervivientes del submarino

El escape se realizó por grupos a través de la cámara de escape de proa. Los tripulantes debían prepararse, entrar en el compartimento, permitir que se llenara parcialmente de agua hasta igualar la presión exterior y abrir la escotilla. Una vez fuera, ascendían hacia la superficie utilizando sus dispositivos de escape.

La maniobra se completó aproximadamente 23 horas después del hundimiento. No fue una extracción sencilla con una campana que levantara a los hombres directamente: fue un ascenso individual o por pequeños grupos desde el submarino hundido. La secuencia exigió que quienes permanecían dentro operaran válvulas y escotillas en condiciones de oscuridad, frío, presión elevada y creciente intoxicación por dióxido de carbono.

Los buzos ubicados en la superficie ayudaron a guiar el proceso y recibieron a los hombres cuando llegaban al agua. Algunos supervivientes fueron conducidos a embarcaciones y trasladados a instalaciones médicas del Callao. La atención inmediata fue complicada porque varios necesitaban recomprensión para tratar los efectos de la descompresión.

Qué consecuencias médicas tuvo el escape

El ascenso desde un compartimento presurizado produjo numerosos casos de enfermedad por descompresión. El informe de la Armada estadounidense señaló que 20 de los 22 hombres que escaparon desde el interior presentaron síntomas y tuvieron que recibir tratamiento de recomprensión. Uno murió durante ese tratamiento y otro quedó con una lesión cerebral grave; otros sufrieron secuelas de distinta intensidad.

La enfermedad por descompresión aparece cuando los gases disueltos en el organismo forman burbujas durante una reducción rápida de la presión. Puede causar dolor, problemas neurológicos, dificultad respiratoria, parálisis o muerte. Por eso, la supervivencia física dentro del submarino no significaba que el peligro hubiera terminado al alcanzar la superficie.

La Marina peruana movilizó sus cámaras de recomprensión y personal médico. La operación reveló que un rescate submarino requiere coordinar no solo buzos y equipos de extracción, sino también hospitales, transporte, cámaras hiperbáricas y protocolos para atender simultáneamente a muchos supervivientes.

El reflotamiento y las lecciones del Pacocha

Después del rescate, la Marina peruana inició los trabajos para recuperar el submarino. El reflotamiento se prolongó durante meses y exigió controlar válvulas, conectar líneas de salvamento y retirar agua de los compartimentos. La nave fue finalmente recuperada en 1989, en una operación considerada un logro importante del Servicio de Salvamento y Buceo de la Marina.

El accidente también impulsó una revisión de los procedimientos de escape desde submarinos. El análisis técnico recomendó mejorar la medición de la presión interna, la disponibilidad de absorbentes de dióxido de carbono, el entrenamiento para escapes desde profundidades intermedias y la coordinación entre los equipos de rescate y los servicios médicos.

El caso del Pacocha permanece como uno de los episodios más singulares de la historia naval peruana porque combinó un hundimiento muy rápido, una larga espera en el fondo del mar y un escape ejecutado sin que llegara a tiempo el sistema de rescate especializado. No fue un milagro inexplicable: la supervivencia dependió del cierre de compartimentos, el conocimiento técnico de la tripulación, la resistencia física de los atrapados y una decisión de emergencia que evitó que el deterioro del aire se convirtiera en una muerte colectiva.

Preguntas frecuentes

¿A qué profundidad se hundió el BAP Pacocha?

El submarino quedó sobre el fondo a unos 43 metros de profundidad, equivalentes aproximadamente a 140 pies de agua de mar.

¿Cuánto tiempo permanecieron atrapados los tripulantes?

Los 22 hombres que quedaron en la cámara de torpedos de proa estuvieron bajo el agua cerca de 23 horas antes de completar su escape.

¿Todos los supervivientes salieron ilesos?

No. La mayoría fue rescatada con vida, pero muchos sufrieron enfermedad por descompresión y algunos padecieron lesiones graves o murieron durante el tratamiento.