Shavarsh Karapetyan salvó a 20 pasajeros el 16 de septiembre de 1976, después de que un trolebús cayera al lago de Ereván, en la entonces República Socialista Soviética de Armenia. El joven deportista, campeón de natación con aletas, acababa de terminar un entrenamiento cuando vio cómo el vehículo se hundía a unos diez metros de profundidad. Se lanzó al agua, rompió una ventana y realizó inmersiones repetidas en una cabina casi sin visibilidad. Sacó a decenas de personas hasta la superficie; veinte sobrevivieron. Las heridas, el frío y la contaminación del agua terminaron por apartarlo de la competición.
Qué ocurrió cuando el trolebús cayó al lago de Ereván
La mañana del 16 de septiembre, un trolebús que cruzaba una vía cercana al embalse perdió el control y se precipitó al agua. Las fuentes armenias consultadas sitúan en 92 el número de pasajeros a bordo, aunque algunas versiones posteriores ofrecen cifras ligeramente distintas. El vehículo quedó sumergido aproximadamente a diez metros de profundidad y a una distancia considerable de la orilla.
El accidente se convirtió en una carrera contra el tiempo. El agua cubrió rápidamente el interior del trolebús y los pasajeros quedaron atrapados. Las ventanas no se abrían con facilidad y el sedimento del fondo reducía la visibilidad prácticamente a cero. En ese contexto, la llegada de un rescatista especializado podía tardar demasiado.
Karapetyan se encontraba junto al lago con su hermano Kamo, también nadador, después de completar una sesión de entrenamiento. No era bombero ni miembro de un equipo de rescate. Era un civil con una preparación física extraordinaria que estaba en el lugar preciso cuando ocurrió la emergencia.
Por qué decidió sumergirse sin esperar ayuda
Karapetyan comprendió que los pasajeros no disponían de mucho tiempo. Su experiencia como nadador con aletas le permitía alcanzar profundidad y regresar a la superficie con rapidez, pero el rescate estaba fuera de cualquier prueba deportiva: el agua era fría, el vehículo estaba oscuro y el fondo estaba cubierto de lodo.
Su hermano permaneció en la superficie para recibir a las personas que Shavarsh sacara del trolebús y trasladarlas hacia la orilla. Esa coordinación fue decisiva. Mientras uno se sumergía, el otro ayudaba a poner a salvo a los rescatados, de modo que Karapetyan pudiera volver a bajar sin tener que completar solo toda la maniobra de extracción.
El deportista se dirigió hacia la parte trasera del vehículo y rompió una ventana. El vidrio le produjo cortes, pero abrió el acceso que necesitaba. A partir de entonces tuvo que orientarse con las manos, tanteando los asientos y los cuerpos en una cabina inundada. No podía ver con claridad qué estaba tocando ni cuánto tiempo le quedaba antes de necesitar aire.
Cómo se desarrolló el rescate bajo el agua
Karapetyan repitió las inmersiones una tras otra. Bajaba hasta el trolebús, entraba por la ventana rota, buscaba a un pasajero y lo llevaba hasta la superficie, donde su hermano y otras personas podían ayudarlo. Después volvía a sumergirse.
Los relatos publicados años después difieren en el número exacto de inmersiones y de personas que llegaron a extraerse del vehículo. La cifra más prudente es que Karapetyan sacó a varias decenas de ocupantes y que 20 de ellos sobrevivieron tras recibir atención médica. El hecho central no depende de la cifra más espectacular: un deportista civil entró repetidamente en un vehículo hundido y contribuyó directamente a salvar veinte vidas.
En una de las inmersiones, Karapetyan creyó haber encontrado a otra persona, pero salió a la superficie con un cojín o parte de un asiento. El episodio quedó asociado a su recuerdo del rescate porque mostró hasta qué punto el cansancio y la falta de visibilidad habían alterado la percepción. Para él, aquel objeto representó durante mucho tiempo la posibilidad de haber perdido una oportunidad de salvar a alguien más.
La operación duró alrededor de veinte minutos, según los testimonios recogidos posteriormente. Cuando llegaron más medios de emergencia, el rescate continuó con asistencia desde la superficie. Karapetyan ya estaba exhausto y herido, pero había seguido bajando mientras aún creyera que quedaban personas que podían ser alcanzadas.
Qué consecuencias tuvo para su salud y su carrera
El agua contaminada, el frío y los cortes causados por los cristales provocaron graves complicaciones. Karapetyan tuvo que ser hospitalizado durante semanas y sufrió problemas pulmonares que afectaron su capacidad para entrenar. La recuperación fue lenta y su carrera deportiva quedó prácticamente terminada.
La pérdida fue especialmente importante porque Karapetyan se encontraba en la élite de la natación con aletas. Había conseguido títulos y récords internacionales, y se preparaba para continuar compitiendo con la selección soviética. El rescate no fue una acción simbólica: tuvo un coste físico que le impidió regresar a la actividad al nivel anterior.
Durante los primeros años, el episodio recibió poca difusión dentro de la Unión Soviética. Las autoridades solían limitar la cobertura de accidentes que podían relacionarse con fallos de transporte o problemas de infraestructura. La historia se extendió más ampliamente después de que la prensa publicara testimonios sobre lo ocurrido, y algunos supervivientes descubrieron entonces quién los había sacado del agua.
Cómo se convirtió en una historia conocida
La fama de Karapetyan creció de manera gradual. Los relatos de la prensa destacaron la profundidad del embalse, la oscuridad provocada por el sedimento y la cantidad de veces que el deportista volvió al trolebús. También subrayaron que no actuó como parte de una operación planificada, sino que tomó la decisión en los primeros instantes de la emergencia.
Su caso se convirtió en una referencia de heroísmo civil en Armenia y en otras repúblicas soviéticas. La historia también se mantuvo vinculada a una idea más sobria: la habilidad deportiva solo fue una parte de la explicación. Para completar el rescate hicieron falta resistencia, capacidad para conservar la orientación bajo el agua y disposición para volver a entrar en un espacio donde ya había resultado herido.
Karapetyan no fue el único participante. Su hermano, los testigos, los equipos de emergencia y el personal médico también intervinieron. Presentarlo como el único responsable de todas las vidas salvadas simplifica demasiado lo ocurrido. Sin embargo, las fuentes coinciden en que su decisión de sumergirse primero fue determinante para que algunos pasajeros pudieran salir con vida.
Qué cambió después del rescate
El accidente no produjo por sí solo una transformación inmediata del transporte soviético, pero sí dejó una huella duradera en la memoria pública armenia. La historia de Karapetyan pasó a representar la capacidad de una persona corriente, situada en una circunstancia extraordinaria, para actuar antes de que llegaran las instituciones.
También mostró los límites de una hazaña individual. El rescate salvó vidas, pero destruyó la trayectoria deportiva de quien lo realizó. Esa consecuencia distingue el episodio de una simple anécdota de valentía: Karapetyan utilizó su preparación para ayudar a desconocidos y pagó con su salud una decisión tomada en cuestión de segundos.
Con el tiempo recibió reconocimientos y su historia fue recuperada por medios, museos y proyectos audiovisuales. En Armenia continúa siendo recordado como el hombre que se lanzó al lago de Ereván para rescatar a los ocupantes de un trolebús. El legado principal no es una cifra aislada, sino la secuencia concreta de decisiones: observar el peligro, entrar en el agua, abrir una salida y repetir el esfuerzo mientras todavía quedara alguna posibilidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas personas salvó Shavarsh Karapetyan?
Las fuentes más consistentes señalan que 20 pasajeros sobrevivieron gracias al rescate en el lago de Ereván el 16 de septiembre de 1976.
¿A qué profundidad estaba el trolebús?
El vehículo quedó aproximadamente a diez metros bajo el agua, en una zona donde el sedimento impedía ver con claridad.
¿Por qué terminó la carrera deportiva de Karapetyan?
Las heridas, el frío y las complicaciones pulmonares sufridas durante el rescate le impidieron continuar entrenando y compitiendo al máximo nivel.

