La erupción del volcán submarino Hunga Tonga-Hunga Ha’apai, ocurrida el 15 de enero de 2022 en el Pacífico Sur, generó un tsunami que golpeó varias islas de Tonga y produjo variaciones del nivel del mar en costas de todo el océano Pacífico. La explosión lanzó una columna de material hasta la alta atmósfera, destruyó gran parte de la isla volcánica y creó una onda de presión que recorrió el planeta. La combinación de explosión submarina, desplazamiento de agua y ondas atmosféricas explica por qué un desastre localizado tuvo efectos observables a escala mundial.
Qué ocurrió el 15 de enero de 2022
Hunga Tonga-Hunga Ha’apai es un volcán submarino situado aproximadamente a 60 kilómetros al norte de Tongatapu, la isla principal de Tonga. La actividad había aumentado desde diciembre de 2021 y el volcán ya había producido erupciones visibles desde las islas cercanas. El 14 de enero se registró una fase explosiva importante, seguida al día siguiente por una erupción mucho más violenta.
La explosión principal comenzó alrededor de las 04:14 UTC del 15 de enero. Satélites meteorológicos captaron una enorme columna de ceniza, vapor y gases que se elevó hasta la mesosfera. La nube se extendió cientos de kilómetros y la detonación fue registrada por sensores sísmicos, barómetros e instrumentos de infrasonido en lugares muy alejados del Pacífico.
La fuerza de la erupción destruyó la mayor parte de la isla que había emergido sobre el volcán. Sin embargo, el daño más grave para la población no procedió únicamente de la ceniza, sino del tsunami y de la interrupción de servicios esenciales.
Por qué la erupción produjo un tsunami tan extenso
Los tsunamis volcánicos pueden originarse por el colapso de una isla, una explosión submarina, un deslizamiento de material o el desplazamiento repentino del fondo marino. En Tonga actuaron varios mecanismos al mismo tiempo, y la combinación fue excepcional.
La explosión submarina desplazó violentamente el agua cercana al volcán. Además, parte de la estructura volcánica se derrumbó y la presión liberada hacia la atmósfera generó una onda expansiva. Esa onda de presión avanzó sobre la superficie del océano y transmitió energía al agua, produciendo oscilaciones que fueron detectadas incluso lejos de Tonga.
Este mecanismo atmosférico ayuda a explicar una característica poco habitual del acontecimiento: algunas estaciones registraron cambios del nivel del mar antes de la llegada esperada de un tsunami convencional. Las ondas de presión viajaron a una velocidad muy superior a la de las olas generadas únicamente por un terremoto, y después interactuaron con el océano en distintas regiones.
Los científicos han señalado que no se trató de un único frente de ola simple. Hubo señales asociadas a la explosión, a la presión atmosférica, a posibles desplazamientos submarinos y a la respuesta posterior del océano. Por eso las alturas y los horarios variaron mucho entre islas, puertos y costas distantes.
Cómo afectó a Tonga
Las olas inundaron zonas costeras de Tongatapu, 'Eua y el grupo de Ha’apai. En islas cercanas al volcán, como Mango y Atatā, las imágenes posteriores mostraron viviendas destruidas, vegetación arrancada y daños severos en instalaciones costeras. En Mango se comunicaron alturas de inundación de hasta 15 metros y penetraciones del agua de varios cientos de metros, según la información recopilada por los servicios técnicos de Tonga.
La ceniza cubrió tejados, carreteras, cultivos y depósitos de agua. La contaminación de las fuentes de abastecimiento obligó a priorizar la distribución de agua potable. La emergencia se agravó porque el cable submarino de fibra óptica que conectaba Tonga con Fiyi resultó dañado, dejando al país con comunicaciones muy limitadas durante los primeros días.
El Gobierno de Tonga confirmó tres muertes en el país. También hubo personas heridas y miles de residentes afectados directa o indirectamente por la pérdida de viviendas, la interrupción de la electricidad, la falta de agua segura y la destrucción de medios de vida vinculados a la agricultura, la pesca y el turismo.
La respuesta de emergencia y la dificultad para evaluar los daños
La respuesta inicial estuvo dirigida por las autoridades tonganas, los servicios de emergencia, la Cruz Roja y organizaciones humanitarias. Las restricciones sanitarias por la pandemia de COVID-19 complicaron la llegada de ayuda extranjera, ya que Tonga intentaba evitar la entrada del virus mediante protocolos estrictos. Por ello, los suministros tuvieron que entregarse con procedimientos que redujeran el contacto entre las tripulaciones y la población.
Australia y Nueva Zelanda enviaron vuelos de reconocimiento y apoyo logístico. Esos aviones permitieron obtener las primeras imágenes detalladas de las islas afectadas, mientras equipos internacionales analizaban fotografías de satélite para localizar edificios destruidos, cultivos dañados y zonas cubiertas de ceniza.
La interrupción de las comunicaciones hizo que las evaluaciones fueran lentas e incompletas. Durante los primeros días, algunas comunidades permanecieron aisladas y el alcance real de los daños solo pudo estimarse mediante imágenes aéreas, llamadas telefónicas y visitas posteriores.
Cuánto costó el desastre y qué consecuencias dejó
Una evaluación del Banco Mundial solicitada por el Gobierno de Tonga calculó daños directos por unos 90,4 millones de dólares, equivalentes aproximadamente al 18,5 % del producto interno bruto del país. El cálculo incluyó viviendas, edificios públicos, carreteras, puertos, redes de agua, electricidad, telecomunicaciones, agricultura, pesca y limpieza de ceniza.
El informe estimó que alrededor de 600 estructuras habían sufrido daños o destrucción, entre ellas al menos 300 viviendas. La agricultura fue especialmente vulnerable: cerca del 85 % de los hogares agrícolas resultaron afectados en algún grado. La ceniza dañó cultivos y pastizales, mientras que el tsunami perjudicó arrecifes, zonas de pesca, embarcaderos y negocios turísticos.
El desastre también mostró la dependencia de Tonga respecto de una única conexión submarina de telecomunicaciones. La recuperación incluyó reparaciones de infraestructura, reconstrucción de viviendas y proyectos orientados a reforzar carreteras, puertos, escuelas y sistemas de abastecimiento frente a futuras amenazas.
Qué cambió para la ciencia y la alerta de tsunamis
La erupción fue una oportunidad excepcional para estudiar la relación entre volcanes, atmósfera y océano. Instrumentos distribuidos por todo el mundo registraron la onda de presión varias veces mientras se propagaba alrededor de la Tierra. Los satélites también observaron perturbaciones en la ionosfera y una columna volcánica que alcanzó alturas extraordinarias.
El acontecimiento obligó a revisar algunos supuestos de los sistemas de alerta. Las redes diseñadas principalmente para detectar tsunamis provocados por terremotos tuvieron que interpretar señales producidas por una erupción. La experiencia mostró la importancia de combinar datos sísmicos, barométricos, mareográficos, satelitales y de observación local.
La lección principal fue que una erupción submarina puede generar peligros simultáneos: olas costeras, ceniza, contaminación del agua, daños a las comunicaciones y ondas atmosféricas capaces de afectar mediciones en lugares muy alejados. Tonga sufrió el impacto directo, pero el episodio tuvo relevancia para todos los países con costas del Pacífico.
Preguntas frecuentes
¿La erupción del Hunga Tonga fue causada por un terremoto?
No. Fue una erupción volcánica submarina. La actividad sísmica acompañó al proceso, pero la explosión principal se produjo por la interacción del magma, los gases y el agua del océano.
¿El tsunami llegó a otros países?
Sí. Se registraron olas y variaciones del nivel del mar en varias partes del Pacífico, incluidas Nueva Zelanda, Japón, Hawái, la costa oeste de Estados Unidos y países de Sudamérica.
¿Cuántas personas murieron en Tonga?
El Gobierno de Tonga confirmó tres muertes relacionadas con la erupción y el tsunami. La cifra no incluye necesariamente todos los efectos indirectos posteriores sobre salud, alimentación o medios de vida.

