El secuestro del vuelo 139 de Air France terminó el 4 de julio de 1976 en el aeropuerto de Entebbe, Uganda, cuando comandos israelíes irrumpieron en la terminal donde permanecían retenidos más de cien pasajeros. El avión había sido desviado desde su ruta entre Tel Aviv y París por cuatro secuestradores vinculados al Frente Popular para la Liberación de Palestina y a las Células Revolucionarias alemanas. La operación permitió evacuar a 102 rehenes, aunque murieron tres de ellos, el comandante israelí Yonatan Netanyahu y varios soldados ugandeses y secuestradores. Una cuarta rehén, Dora Bloch, quedó en Uganda y posteriormente fue asesinada.
Por qué fue secuestrado el vuelo 139
El Airbus A300 de Air France despegó de Tel Aviv el 27 de junio de 1976 con destino a París y una escala en Atenas. Después de que embarcaran nuevos pasajeros en la capital griega, cuatro miembros de grupos armados tomaron el control del avión. Dos pertenecían al Frente Popular para la Liberación de Palestina-Operaciones Externas y dos a la organización alemana Células Revolucionarias.
Los secuestradores obligaron a la tripulación a volar primero a Bengasi, en Libia, y después a Entebbe. La elección de Uganda no fue casual: el régimen de Idi Amin mantenía vínculos políticos con organizaciones palestinas y ofreció apoyo a los captores. Una vez aterrizado el avión, los rehenes fueron trasladados a la antigua terminal del aeropuerto, donde se incorporaron efectivos ugandeses a la vigilancia.
Los secuestradores exigían la liberación de decenas de presos palestinos y de militantes encarcelados en varios países. También amenazaron con matar a los rehenes si no se cumplían sus condiciones. Tras liberar a buena parte de los pasajeros que no consideraban objetivo de sus demandas, conservaron principalmente a pasajeros israelíes y judíos, además de la tripulación de Air France, que decidió permanecer junto a ellos.
La separación de los pasajeros cambió la crisis
La selección de los rehenes introdujo una dimensión política y profundamente controvertida. Los captores revisaron documentos y separaron a quienes identificaban como israelíes o judíos del resto de los pasajeros. Durante los días de cautiverio, varios grupos de pasajeros fueron liberados y trasladados a París, mientras el grupo retenido permanecía en la terminal de Entebbe.
La tripulación, dirigida por el comandante Michel Bacos, rechazó abandonar el lugar cuando tuvo la oportunidad de hacerlo. Esa decisión permitió que los rehenes conservaran junto a ellos a personas que conocían el avión, los procedimientos de los secuestradores y la distribución del edificio. Los testimonios de los liberados y de la tripulación también aportaron información esencial a los servicios de inteligencia israelíes.
La situación se volvió más urgente cuando los secuestradores ampliaron el plazo de sus amenazas hasta el 4 de julio. El Gobierno de Israel tuvo que decidir entre aceptar una negociación que podía liberar a los rehenes, pero también fortalecer a los grupos armados, o intentar una misión militar a miles de kilómetros de distancia.
Cómo se preparó el rescate de Entebbe
La decisión no fue inmediata. El primer ministro Yitzhak Rabin, el ministro de Defensa Shimon Peres y los mandos militares estudiaron durante varios días distintas alternativas. Las autoridades necesitaban conocer el número de rehenes, la disposición de la terminal, la presencia de soldados ugandeses y las rutas aéreas disponibles para llegar y regresar.
La inteligencia recibió información de pasajeros liberados, de antiguos contactos israelíes en Uganda y de datos relacionados con la propia terminal, que había sido construida con participación de empresas israelíes. Con ese material, los planificadores concluyeron que una operación sorpresa era posible, aunque implicaba riesgos extraordinarios: el largo vuelo, la necesidad de aterrizar sin alertar a los vigilantes y la posibilidad de que los secuestradores ejecutaran a los rehenes.
La fuerza de asalto utilizó aviones C-130 Hércules de la Fuerza Aérea israelí. En ellos viajaron comandos de Sayeret Matkal, paracaidistas, personal médico y otros soldados. El plan incluía aterrizar de noche, avanzar con rapidez hacia la terminal, neutralizar a los secuestradores y sacar a los rehenes antes de que las fuerzas ugandesas pudieran organizar una respuesta.
La operación del 4 de julio de 1976
Los aviones israelíes llegaron a Entebbe durante la madrugada del 4 de julio. Para ganar tiempo, uno de los vehículos que acompañaba a los comandos imitaba el automóvil utilizado habitualmente por el presidente Idi Amin. El recurso no engañó durante mucho tiempo a los guardias, pero permitió que el grupo se acercara lo suficiente para iniciar el asalto.
Los comandos avanzaron hacia la antigua terminal y abatieron a los secuestradores que custodiaban a los rehenes. La sorpresa inicial fue decisiva, aunque el intercambio de disparos provocó víctimas entre los cautivos. Tres rehenes murieron durante la operación. El comandante de la fuerza israelí, el teniente coronel Yonatan Netanyahu, también falleció. Su muerte dio posteriormente a la misión el nombre de Operación Yonatan.
Tras asegurar la terminal, los soldados condujeron a los rehenes hasta los aviones. La evacuación no fue instantánea: hubo que trasladar a personas heridas, combatir contra unidades ugandesas y destruir varios aviones de combate estacionados en el aeropuerto para impedir una persecución aérea. Los C-130 despegaron después rumbo a Nairobi, Kenia, donde algunos heridos recibieron atención médica, y finalmente continuaron hacia Israel.
Cuántas personas sobrevivieron y qué ocurrió con Dora Bloch
La misión rescató a 102 rehenes. Tres murieron durante el asalto. Dora Bloch, una pasajera israelí de 74 años, había sido trasladada a un hospital de Kampala antes de la operación porque se había atragantado con comida. Por esa razón no se encontraba en la terminal cuando llegaron los comandos.
Después del rescate, las autoridades israelíes y británicas intentaron localizarla. Testimonios posteriores indicaron que fue sacada del hospital por agentes ugandeses y asesinada por orden del régimen de Idi Amin. Su cuerpo nunca fue recuperado. El caso de Bloch se convirtió en uno de los episodios más graves asociados con la toma de rehenes y con la respuesta del Gobierno ugandés.
Las cifras de víctimas ugandesas variaron en los primeros informes, pero los registros históricos coinciden en que murieron soldados ugandeses durante los combates. También fallecieron los cuatro secuestradores. El balance exacto de algunos participantes armados fue objeto de distintas estimaciones periodísticas, por lo que conviene diferenciar los datos confirmados de las cifras difundidas en las horas posteriores.
Qué consecuencias tuvo la operación
En Israel, el rescate fue presentado como una demostración de que un Estado podía actuar militarmente para recuperar a sus ciudadanos incluso lejos de sus fronteras. La operación reforzó la reputación internacional de las unidades especiales israelíes y se convirtió en un referente para posteriores doctrinas de rescate de rehenes.
Sin embargo, Entebbe también planteó un conflicto jurídico y diplomático. Uganda denunció ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que Israel había violado su soberanía y había cometido un acto de agresión. Israel defendió la misión como una respuesta necesaria ante un secuestro apoyado por el Gobierno ugandés. El Consejo de Seguridad debatió el caso, pero no aprobó una resolución que condenara formalmente a Israel.
El secuestro mostró además las dificultades de la aviación comercial frente al terrorismo internacional. Aunque ya existían controles de seguridad, los atacantes pudieron embarcar en Atenas y explotar las diferencias entre los sistemas de varios países. El caso impulsó nuevas discusiones sobre inspección de pasajeros, cooperación de inteligencia, protección de aeropuertos y entrenamiento de equipos especializados para crisis con rehenes.
La tripulación de Air France recibió reconocimiento por haber permanecido junto a los pasajeros. Su conducta recordó que un rescate exitoso no depende solamente de la fuerza militar: también requiere información fiable, coordinación diplomática, liderazgo de la tripulación y decisiones tomadas bajo una presión extrema.
Por qué Entebbe sigue siendo relevante
La Operación Entebbe sigue estudiándose porque combinó un secuestro transnacional, una negociación política, apoyo estatal a los captores y una intervención militar de largo alcance. No fue una solución sin costes: hubo rehenes y soldados muertos, una pasajera desaparecida y una disputa internacional sobre la soberanía y el uso de la fuerza.
Su importancia histórica no reside únicamente en la audacia del aterrizaje o en la rapidez del asalto. El episodio reveló cómo el terrorismo aéreo podía convertir un vuelo comercial en un conflicto internacional y cómo la información obtenida de los supervivientes podía modificar el desenlace. También dejó una advertencia: cuando un Estado permite que su territorio sea utilizado para retener civiles, la crisis deja de ser un delito aislado y se transforma en un problema de seguridad internacional.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo fue secuestrado el vuelo 139 de Air France?
El avión fue tomado el 27 de junio de 1976, después de despegar de Atenas durante su trayecto de Tel Aviv a París.
¿Dónde fueron retenidos los pasajeros?
Los rehenes fueron llevados a la antigua terminal del aeropuerto de Entebbe, en Uganda, con apoyo de las fuerzas del régimen de Idi Amin.
¿Qué nombre recibió oficialmente el rescate?
La misión fue conocida como Operación Entebbe o Thunderbolt y después recibió el nombre de Operación Yonatan en memoria del comandante israelí fallecido.

