La expedición Franklin desapareció en el Ártico canadiense después de quedar atrapada en el hielo durante el invierno de 1846-1847. Los 129 hombres de los barcos HMS Erebus y HMS Terror abandonaron las naves el 22 de abril de 1848, cuando ya habían muerto 24 personas, incluido John Franklin. La evidencia acumulada indica que los supervivientes sucumbieron después a una combinación de frío extremo, hambre, enfermedades y agotamiento durante su retirada por la isla del Rey Guillermo. El hallazgo de los dos naufragios, en 2014 y 2016, confirmó buena parte de los testimonios inuit y cerró el misterio principal, aunque algunos detalles de los últimos meses siguen sin resolverse.
¿Cuál era el objetivo de la expedición?
La misión partió de Inglaterra en mayo de 1845 para localizar y atravesar el paso del Noroeste, la ruta marítima que conecta los océanos Atlántico y Pacífico por el norte de América. La dirigían dos barcos especialmente adaptados para navegar entre hielos: el Erebus, bajo el mando de Franklin, y el Terror, comandado por Francis Crozier.
La expedición llevaba provisiones para varios años, equipos científicos y una tripulación experimentada. También contaba con motores auxiliares y cascos reforzados, recursos que hicieron pensar al Almirantazgo británico que se trataba de una de las empresas polares mejor preparadas de su tiempo. Sin embargo, la tecnología no podía eliminar los riesgos de una región con hielo impredecible, temperaturas extremas y distancias enormes respecto a cualquier puesto de apoyo.
¿Cuándo comenzó el desastre?
Los barcos navegaron hacia el oeste por el Ártico canadiense, pero quedaron inmovilizados por el hielo cerca de la isla del Rey Guillermo en septiembre de 1846. Permanecieron atrapados durante dos inviernos consecutivos. La situación empeoró cuando empezaron a acumularse las muertes: la nota encontrada posteriormente en Victory Point indicó que Franklin falleció el 11 de junio de 1847 y que, hasta abril del año siguiente, habían muerto nueve oficiales y quince marineros.
El documento fue escrito originalmente en mayo de 1847, cuando la tripulación todavía esperaba liberarse del hielo. En aquel primer mensaje se afirmaba que todo estaba bien. Casi un año después, los capitanes Crozier y James Fitzjames añadieron una actualización mucho más sombría: los barcos habían sido abandonados y los 105 hombres restantes se disponían a marchar hacia el sur, en dirección al río Back.
La retirada a pie y las primeras pistas
Abandonar dos barcos atrapados significaba perder refugio, combustible, herramientas y buena parte de las posibilidades de supervivencia. Los hombres arrastraron botes y suministros sobre trineos por un terreno difícil, con hielo, rocas y zonas costeras sin recursos suficientes para alimentar a un grupo tan grande.
Durante las décadas siguientes, exploradores británicos hallaron campamentos, cadáveres, tumbas, utensilios y objetos pertenecientes a los barcos. El explorador John Rae obtuvo en 1854 información decisiva de habitantes inuit que habían visto a grupos de hombres debilitados y habían encontrado embarcaciones y objetos europeos. Sus informantes describieron que los marineros estaban hambrientos y que algunos cuerpos habían sido aprovechados como alimento.
La sociedad británica recibió esas noticias con incredulidad y hostilidad. El relato victoriano consideraba imposible que oficiales de la Marina Real hubieran recurrido al canibalismo y llegó a acusar a los inuit de haber atacado a la expedición. Con el tiempo, la arqueología demostró que esa interpretación era injusta y que el conocimiento inuit había conservado datos esenciales sobre el destino de los desaparecidos.
¿Qué enfermedades y problemas pudieron causar las muertes?
No existe una única causa demostrada para la muerte de los 129 integrantes. El escenario más sólido es el de un colapso progresivo provocado por varios factores. El frío, el hambre, la deshidratación, el agotamiento y enfermedades respiratorias debieron reducir rápidamente la capacidad del grupo para desplazarse y conseguir alimento.
También se investigó la presencia de plomo en restos humanos. Estudios realizados sobre huesos, dientes y tejidos encontraron niveles elevados en algunos miembros de la expedición. Durante años se afirmó que el envenenamiento por plomo procedía sobre todo de las latas de conservas mal soldadas. Investigaciones posteriores señalaron que el sistema de destilación de agua instalado en los barcos también pudo ser una fuente importante.
La evidencia actual no permite afirmar que la intoxicación por plomo fuera la explicación completa ni que causara por sí sola decisiones irracionales. Los análisis más recientes consideran que pudo contribuir al deterioro físico, pero su alcance exacto sigue siendo objeto de debate científico. El escorbuto, la tuberculosis, la neumonía y otras infecciones también aparecen entre las hipótesis compatibles con los restos y los registros disponibles.
¿Qué pruebas confirmaron el canibalismo?
Los testimonios inuit sobre restos humanos mutilados fueron cuestionados durante mucho tiempo, pero los análisis arqueológicos aportaron pruebas físicas. En huesos recuperados en la isla del Rey Guillermo se identificaron marcas de corte, fracturas y señales compatibles con la extracción de médula y la cocción.
Estas marcas no permiten reconstruir cada episodio ni determinar cuántas personas participaron, pero sí respaldan la conclusión de que algunos supervivientes utilizaron los cuerpos de los fallecidos como último recurso. El dato no describe una conducta inicial de la expedición, sino una respuesta extrema ante el hambre y la imposibilidad de escapar del Ártico.
La importancia de esta prueba va más allá del aspecto macabro. Confirmó que los relatos inuit, ignorados por buena parte de los investigadores europeos del siglo XIX, contenían observaciones fiables. La historia del desastre cambió cuando las fuentes orales locales se analizaron junto con documentos, objetos y evidencias forenses.
El hallazgo de los barcos desaparecidos
La ubicación de los naufragios fue el último gran capítulo del misterio. En septiembre de 2014, equipos dirigidos por Parks Canada localizaron el HMS Erebus en el fondo marino del golfo de la Reina Maud. Dos años después, en septiembre de 2016, fue identificado el HMS Terror en la bahía que lleva su nombre.
Las búsquedas modernas combinaron sonar, vehículos submarinos, mapas históricos y conocimiento geográfico inuit. En el caso del Terror, las indicaciones de habitantes de Gjoa Haven ayudaron a orientar la investigación hacia una zona que no era la prioridad inicial de los buscadores. La localización de ambos barcos confirmó que los relatos sobre su posición y movimientos no eran simples leyendas.
Los pecios se encontraron en condiciones sorprendentemente buenas. Su estudio ha permitido examinar cabinas, instrumentos, vajilla, documentos y otros objetos que pueden revelar cómo vivieron los últimos tripulantes. La investigación continúa porque cada artefacto puede aclarar si las naves fueron abandonadas inmediatamente o si algunos hombres regresaron a ellas después.
¿Qué aportó el ADN a la investigación?
El análisis genético abrió una vía para identificar restos que durante más de un siglo solo podían atribuirse de forma general a la expedición. Comparando ADN obtenido de dientes y huesos con muestras de descendientes de los marineros, los investigadores confirmaron varias identidades.
En 2026, un estudio publicado en Journal of Archaeological Science: Reports identificó a William Orren, David Young y John Bridgens, tres tripulantes del Erebus que murieron en la bahía de Erebus. Estas identificaciones se sumaron a otras anteriores y demostraron que los restos podían vincularse individualmente con la tripulación registrada en 1845.
El ADN no resolvió por sí solo la causa de la tragedia, pero convirtió una historia colectiva en una secuencia humana concreta. Saber quiénes eran los hombres encontrados permite reconstruir sus edades, rangos, rutas y posibles vínculos familiares, además de ofrecer un tratamiento más respetuoso de los restos.
¿Por qué se considera resuelto el misterio?
La desaparición de Franklin se considera explicada en sus líneas esenciales porque varias clases de pruebas independientes coinciden. La nota de Victory Point estableció cuándo quedaron atrapados los barcos, cuándo murió Franklin y cuándo fueron abandonados. Los testimonios inuit describieron la marcha de los supervivientes y localizaron zonas relacionadas con los barcos. Los restos humanos confirmaron enfermedad, desnutrición y canibalismo en la fase final. Finalmente, la arqueología submarina encontró las dos naves.
Lo que no se conoce con precisión es la trayectoria de cada grupo después del abandono, la fecha exacta de la última muerte y el peso relativo de cada enfermedad. Esa incertidumbre no invalida la explicación general: muestra la diferencia entre resolver un misterio histórico y reconstruir cada minuto de una tragedia ocurrida en un territorio remoto.
Consecuencias y legado
La búsqueda de la expedición impulsó nuevas exploraciones, completó mapas del Ártico canadiense y convirtió el paso del Noroeste en un objetivo geográfico mejor comprendido. También dejó una lección sobre los límites de la tecnología cuando una expedición depende de suministros transportados desde Europa y desprecia el conocimiento de quienes viven en el territorio.
El legado moderno incluye una revisión de la relación entre exploradores europeos y comunidades inuit. Las investigaciones de Parks Canada reconocen que el conocimiento tradicional inuit fue decisivo tanto para interpretar la tragedia como para localizar los pecios. La historia ya no se cuenta únicamente como una aventura imperial perdida, sino también como un caso en el que las fuentes locales fueron ignoradas antes de demostrar su valor.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos hombres formaban la expedición Franklin?
La expedición partió con 129 oficiales y marineros a bordo del Erebus y el Terror. Ninguno regresó.
¿Dónde fueron encontrados los barcos?
El Erebus fue localizado en 2014 en el golfo de la Reina Maud y el Terror en 2016, en Terror Bay, ambos en el actual Nunavut canadiense.
¿Se sabe exactamente cómo murió toda la tripulación?
No. La explicación más aceptada combina frío, hambre, enfermedades y agotamiento; el plomo pudo contribuir, pero no existe una causa única demostrada para todos.

