Los 129 ocupantes del vuelo 751 de Scandinavian Airlines sobrevivieron porque la tripulación convirtió una pérdida total de potencia en un aterrizaje de emergencia sobre un campo abierto cerca de Gottröra, Suecia, el 27 de diciembre de 1991. El McDonnell Douglas MD-81 había despegado de Estocolmo-Arlanda cuando fragmentos de hielo desprendidos de las alas dañaron sus dos motores. El capitán Stefan G. Rasmussen mantuvo el avión en planeo, rechazó depender únicamente de la pista del aeropuerto y seleccionó un terreno despejado en la trayectoria disponible. El fuselaje se partió en tres secciones, pero no hubo víctimas mortales.
Qué ocurrió durante el despegue del vuelo 751
El avión, matrícula OY-KHO, había llegado a Arlanda la noche anterior y permaneció estacionado al aire libre con temperaturas cercanas al punto de congelación. Durante la noche se formó hielo transparente en la parte superior de las alas. Este tipo de hielo podía ser difícil de ver y no quedó eliminado por completo durante el procedimiento de deshielo de la mañana.
El vuelo SK 751 tenía previsto viajar desde Estocolmo hacia Copenhague y continuar después hasta Varsovia. Despegó aproximadamente a las 8:47 de la mañana. Unos pasajeros observaron cómo se desprendían placas de hielo de las alas durante el ascenso. A unos 343 metros de altura comenzaron los golpes, vibraciones y oscilaciones relacionados con la ingestión de hielo en los motores traseros del MD-81.
El motor derecho empezó a sufrir fuertes perturbaciones y perdió potencia. Poco después, el motor izquierdo presentó el mismo problema. En menos de un minuto y medio desde el primer fallo, los dos motores habían dejado de producir empuje. El avión alcanzó una altitud máxima aproximada de 1.011 metros antes de comenzar a descender.
Por qué fallaron los dos motores
La investigación sueca concluyó que la causa principal fue la presencia de hielo transparente en las alas. Al desprenderse durante el despegue, el hielo fue absorbido por los motores montados en la parte trasera del fuselaje. Los fragmentos dañaron los álabes de los ventiladores y provocaron pérdidas de compresión, conocidas como engine surges.
El avión también contaba con un sistema automático de restauración de empuje. Su función era aumentar la potencia cuando detectaba una pérdida de rendimiento durante el ascenso. El sistema había sido diseñado bajo el supuesto de que solo fallaría un motor. En Gottröra, sin embargo, incrementó el empuje mientras los motores sufrían perturbaciones, lo que contribuyó a agravar los daños.
El informe señaló además fallos organizativos de SAS. Las instrucciones y los procedimientos para detectar y retirar el hielo transparente no eran suficientemente claros; la información sobre el hielo observado durante la noche no llegó adecuadamente al personal de la mañana, y la compañía no había preparado a sus tripulaciones para responder de forma específica a esa combinación de perturbaciones y pérdida total de empuje.
La decisión que permitió mantener el control
Tras la pérdida de los motores, el avión se convirtió en un planeador pesado. El capitán tuvo que controlar la velocidad, el descenso y el rumbo sin disponer de todas las pantallas electrónicas habituales. La pérdida de los generadores accionados por los motores dejó sin funcionamiento las pantallas principales de información de vuelo, por lo que recurrió a instrumentos de respaldo.
El primer oficial contactó con el control de tráfico aéreo y declaró la emergencia. La torre autorizó un giro para intentar regresar a Arlanda, pero la tripulación continuó hacia el norte al considerar que la pista no era una opción segura o alcanzable en las condiciones existentes. La decisión esencial fue buscar una superficie abierta en vez de forzar un giro cerrado hacia el aeropuerto.
Cuando el avión salió de las nubes, a una altura aproximada de entre 250 y 300 metros sobre el terreno, el capitán pudo valorar visualmente las posibilidades. Un campo situado a la derecha quedaba demasiado lejos. Por eso eligió otro terreno situado aproximadamente en la dirección del vuelo. Esta elección redujo la necesidad de maniobrar y conservó la energía restante del avión.
Un capitán de SAS que viajaba como pasajero acudió a la cabina y ayudó a poner en marcha la unidad auxiliar de potencia y a extender los flaps. Su presencia aportó una tercera persona familiarizada con el tipo de aeronave durante los últimos segundos del vuelo. El primer oficial gestionó las comunicaciones y accionó el sistema de extinción cuando apareció una advertencia de incendio en uno de los motores.
Cómo fue el aterrizaje en Gottröra
La aeronave descendió hacia un terreno cubierto de nieve y rodeado de árboles. La tripulación extendió gradualmente los flaps y bajó el tren de aterrizaje. Antes del impacto, el avión alcanzaba aproximadamente 107 nudos y presentaba una inclinación hacia la derecha.
El primer contacto se produjo con los árboles, que absorbieron parte de la energía. Una sección importante del ala derecha se desprendió y el avión golpeó el suelo inclinado unos segundos después. El fuselaje se partió en tres grandes secciones, pero el accidente no provocó un incendio. La estructura, la nieve y la elección del terreno redujeron la violencia del impacto en comparación con una caída directa sobre una zona urbana o una pista dura.
El avión quedó destruido, pero las 129 personas a bordo sobrevivieron: 123 pasajeros y seis tripulantes. Ocho ocupantes sufrieron lesiones graves y 84 lesiones leves, según la autoridad sueca de investigación de accidentes. El resultado fue excepcional, aunque no puede atribuirse a un único factor ni presentarse como una maniobra perfecta: la tripulación también enfrentó limitaciones, no identificó inmediatamente todas las causas y el accidente fue favorecido por una cadena previa de fallos técnicos y organizativos.
Qué factores evitaron una tragedia mayor
- La selección del terreno: el capitán eligió un campo en la trayectoria disponible, evitando un giro arriesgado hacia un lugar que podía quedar fuera del alcance.
- El control de la velocidad: el avión permaneció en una configuración de planeo hasta el aterrizaje, lo que conservó la energía necesaria para alcanzar el campo.
- La ausencia de fuego: aunque hubo indicios de incendio en un motor, el sistema de extinción evitó que las llamas se extendieran.
- La superficie nevada y los árboles: el terreno amortiguó parte de la energía del impacto.
- La preparación de la cabina: la tripulación de vuelo y de cabina organizó la emergencia y la evacuación después del impacto.
- La ayuda adicional en la cabina: un capitán de SAS que viajaba como pasajero colaboró en tareas críticas durante el descenso.
La supervivencia también dependió de factores estructurales y probabilísticos. El avión impactó con una trayectoria relativamente controlada, no cayó desde gran altura en picado y no chocó contra edificios, vehículos ni una zona densamente poblada. Por eso, la historia de Gottröra combina una decisión humana decisiva con condiciones físicas que limitaron las consecuencias.
Qué cambió después del accidente
La investigación del accidente impulsó cambios en los procedimientos relacionados con la formación de hielo transparente y con las perturbaciones de los motores. Entre las recomendaciones figuraron mejorar la detección física del hielo, reforzar las instrucciones para pilotos y personal de tierra, revisar los procedimientos ante una pérdida de empuje en ambos motores y evitar que el sistema automático aumentara potencia en un motor que estuviera sufriendo una perturbación.
La Administración Federal de Aviación de Estados Unidos emitió posteriormente directivas para impedir el avance automático de las palancas de empuje durante determinadas perturbaciones y para incluir advertencias específicas sobre el hielo en la parte superior de las alas de los MD-80. El caso también se convirtió en un ejemplo de cómo una automatización concebida para ayudar en una emergencia puede empeorarla si sus supuestos de diseño no cubren el escenario real.
Gottröra suele recibir el nombre de “milagro”, pero la explicación histórica es más concreta. El accidente se produjo por una combinación de hielo no detectado, procedimientos insuficientes, conocimiento limitado del sistema automático y una respuesta técnica difícil. La elección de un campo, la conservación del control y la coordinación de la tripulación hicieron posible que un avión sin motores llegara al suelo con todos sus ocupantes vivos.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas personas viajaban en el vuelo 751 de SAS?
Había 129 personas a bordo: 123 pasajeros y seis tripulantes. Todas sobrevivieron al aterrizaje de emergencia.
¿Dónde aterrizó el avión?
El MD-81 terminó en un campo boscoso cerca de Gottröra, al norte del aeropuerto de Estocolmo-Arlanda, en Suecia.
¿Cuál fue la causa del accidente?
El hielo transparente que permanecía en las alas se desprendió durante el despegue, entró en ambos motores y provocó su destrucción. Las deficiencias en los procedimientos de SAS contribuyeron al accidente.

