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La llamada epidemia de risa de Tanganica comenzó el 30 de enero de 1962 en una escuela misionera para niñas de Kashasha, cerca de Bukoba, en la orilla occidental del lago Victoria. Tres alumnas empezaron a comportarse de forma anormal y, durante las semanas siguientes, 95 de las 159 estudiantes presentaron ataques de risa y llanto, inquietud y otros síntomas. La escuela tuvo que cerrar temporalmente. El episodio no fue una ola de diversión contagiosa ni una infección demostrada: los médicos que lo estudiaron lo interpretaron como un caso de enfermedad psicógena masiva, entonces llamada histeria colectiva.

Cómo comenzó el episodio en Kashasha

En enero de 1962, Kashasha era una localidad rural del entonces territorio de Tanganica, que poco después se convertiría en parte de Tanzania. El brote se inició en un internado femenino administrado por una misión. El informe médico contemporáneo no describió una broma, una celebración ni un estímulo humorístico que hubiera provocado las reacciones. Registró, en cambio, ataques de risa y llanto, agitación, inquietud y, en algunos casos, una sensación de persecución.

Los primeros tres casos aparecieron el 30 de enero. Hasta el 18 de marzo, 95 de las 159 alumnas habían presentado síntomas y la dirección se vio obligada a cerrar la escuela. Los episodios podían durar varias horas; algunos casos alcanzaron periodos mucho más prolongados, con un promedio aproximado de siete días antes de una pausa y, a menudo, una recaída.

El nombre popular del acontecimiento resulta engañoso. La risa era uno de los signos visibles, pero no constituía toda la enfermedad. Las pacientes también podían llorar, mostrarse inquietas o tener dificultades para continuar con las clases. Las fuentes médicas no describieron una experiencia alegre, sino un cuadro perturbador que afectaba la vida escolar y familiar.

Cómo se extendió a otras comunidades

El cierre del internado no terminó de inmediato con el problema. Algunas alumnas regresaron a sus hogares y, según el informe publicado en 1963, los síntomas aparecieron después en otros lugares. En la aldea de Nshamba, situada al oeste de Bukoba, se registraron 217 casos entre escolares y jóvenes durante unas cinco semanas, entre finales de marzo y finales de abril de 1962.

El fenómeno también alcanzó la escuela secundaria femenina de Ramashenye, en las afueras de Bukoba. Allí 48 de 154 alumnas presentaron ataques entre el 10 y el 18 de junio. En Kanyangereka, otra aldea de la zona, se documentaron tres casos vinculados a una familia relacionada con una estudiante afectada. El informe mencionó además cierres posteriores de escuelas de varones y un episodio más leve en una escuela primaria de Mbarara, al norte de Bukoba, en Uganda.

Algunas narraciones posteriores resumieron todo el proceso afirmando que la risa recorrió Tanganica y Uganda durante dos años y medio, afectando a unas mil personas y obligando a cerrar más de catorce escuelas. Esa versión aparece en obras de divulgación y en estudios posteriores que citan el episodio. Sin embargo, la investigación histórica moderna advierte que esas cifras amplían o simplifican los datos del informe original. Por eso conviene distinguir entre los casos registrados con detalle y las estimaciones generales difundidas después.

Qué síntomas presentaban las personas afectadas

El cuadro no consistía en reír continuamente durante meses. Los ataques eran intermitentes y podían alternarse con periodos de calma. La descripción médica recogió risa, llanto, agitación y una considerable alteración del comportamiento. En algunos casos, las estudiantes no podían atender sus lecciones durante semanas después de un episodio.

Los médicos también observaron que no existían signos físicos claros que explicaran el brote. Las pruebas realizadas para buscar intoxicación alimentaria o sustancias tóxicas no encontraron una causa. El informe no identificó un virus conocido y señaló que no hubo fallecimientos. Tampoco se comunicaron secuelas permanentes en las personas afectadas.

Estas observaciones no significan que los síntomas fueran fingidos. Una enfermedad psicógena masiva puede producir manifestaciones reales y debilitantes sin que exista una lesión orgánica detectable o un agente infeccioso transmisible. El sufrimiento, la incapacidad temporal y la respuesta corporal son auténticos, aunque el mecanismo sea psicológico y social.

Por qué los médicos descartaron un contagio simple

La distribución de los casos no se parecía a la de una epidemia infecciosa convencional. Los síntomas aparecían en grupos concretos, especialmente en escuelas y comunidades conectadas por las alumnas que regresaban a sus casas, pero no seguían una cadena uniforme de transmisión. Además, las pruebas disponibles no demostraron intoxicación ni infección.

El informe de P. J. Rankin y A. M. Philip, publicado en el Central African Journal of Medicine, propuso que se trataba de “histeria colectiva” en una población susceptible y que el cuadro podía estar determinado por factores culturales. La terminología ha cambiado con el tiempo. En la literatura médica y psicológica contemporánea se prefiere hablar de enfermedad psicógena masiva o enfermedad sociogénica masiva, expresiones que evitan algunas connotaciones despectivas de “histeria”.

El investigador Christian F. Hempelmann revisó el caso en un artículo publicado en 2007. Su conclusión fue que la risa no se transmitió como una enfermedad ni por una supuesta reacción humorística. Más bien, habría sido uno de varios síntomas motores dentro de un episodio colectivo favorecido por las condiciones sociales y emocionales del entorno.

Qué factores pudieron favorecer el brote

No existe una explicación única demostrada para cada caso individual. Las fuentes permiten afirmar que el episodio se desarrolló en un contexto de fuerte presión social, cambios institucionales y comunidades estrechamente conectadas. Tanganica había alcanzado la independencia del Reino Unido en diciembre de 1961, apenas unas semanas antes del inicio del brote. Ese contexto histórico se ha considerado relevante, aunque no permite establecer por sí solo una causa directa.

Las escuelas, especialmente los internados, reunían a muchas adolescentes en espacios cerrados, con rutinas estrictas y una intensa interacción entre compañeras. Cuando un grupo observaba síntomas inesperados en algunas estudiantes, la preocupación y la atención colectiva podían facilitar la aparición de reacciones parecidas. El regreso de las alumnas a sus hogares también creó puentes sociales entre la escuela y las aldeas.

Es importante no convertir esta interpretación en una acusación contra las estudiantes ni atribuirles deliberadamente una conducta teatral. La enfermedad psicógena masiva describe una respuesta colectiva involuntaria. En distintos lugares y épocas se han documentado episodios de desmayos, temblores, dificultades respiratorias, movimientos incontrolados o síntomas neurológicos sin una causa infecciosa común.

Cómo terminó la epidemia de Tanganica

El episodio fue disminuyendo después de afectar a distintos grupos escolares y comunitarios. La escuela de Kashasha reabrió el 21 de mayo de 1962, pero volvió a registrar 57 alumnas afectadas hasta finales de junio. Otros brotes tuvieron duraciones más cortas: en Ramashenye, por ejemplo, los casos documentados se concentraron en ocho días.

Las versiones populares suelen afirmar que la epidemia terminó exactamente en junio de 1964. Esa fecha procede de relatos posteriores que agruparon distintos episodios de la región. El informe médico original ofrece una fotografía más limitada y precisa de los casos observados en 1962. Por ello, la fecha de 1964 debe presentarse como el final atribuido al conjunto de la ola regional, no como una medición exacta de ataques continuos en una sola comunidad.

El acontecimiento terminó sin una vacuna, un medicamento específico o una operación de desinfección. La desaparición progresiva de los casos, el aislamiento temporal de algunos grupos y la interrupción de los vínculos que mantenían la atención centrada en los síntomas parecen haber contribuido al desenlace. La investigación no estableció un agente físico que hubiera sido eliminado.

Qué cambió después en la comprensión médica

La epidemia de Tanganica se convirtió en uno de los ejemplos más citados de enfermedad psicógena masiva, aunque también en uno de los más deformados por la divulgación. Durante décadas se presentó como una historia cómica sobre una carcajada que se contagiaba entre pueblos. Las fuentes originales muestran algo distinto: un episodio de malestar real, con llanto, angustia y alteración de la actividad escolar.

Su importancia reside precisamente en esa diferencia. El caso permite estudiar cómo los síntomas pueden propagarse socialmente sin que exista un virus, una toxina o una lesión compartida. También muestra los riesgos de convertir un episodio médico complejo en una anécdota humorística. La risa llamó la atención, pero el problema central fue la interacción entre síntomas, miedo, vínculos comunitarios y circunstancias históricas.

La documentación disponible no permite afirmar que se haya descubierto una causa definitiva ni que todas las personas afectadas tuvieran exactamente el mismo cuadro. Lo que sí está respaldado es que el brote comenzó en Kashasha, se extendió a otras escuelas y aldeas, no produjo muertes y fue interpretado por sus primeros investigadores como un fenómeno psicógeno colectivo.

Preguntas frecuentes

¿La gente de Tanganica se reía porque algo le parecía gracioso?

No. La risa era un síntoma involuntario que podía alternarse con llanto, inquietud y otros signos de malestar.

¿La epidemia de risa fue causada por un virus?

No se identificó ningún virus ni sustancia tóxica. Las fuentes médicas la interpretaron como una enfermedad psicógena masiva, aunque no puede reconstruirse con certeza absoluta cada caso.

¿Cuántas personas fueron afectadas?

El informe original registró cifras concretas en Kashasha, Nshamba y Ramashenye. Las estimaciones posteriores hablaron de unas mil personas y más de catorce escuelas, pero esas cifras deben tratarse con cautela porque mezclan distintos episodios regionales.