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El 5 de septiembre de 1972, durante los Juegos Olímpicos de Múnich, ocho integrantes del grupo palestino Septiembre Negro entraron en la Villa Olímpica y atacaron los alojamientos de la delegación israelí. Dos miembros del equipo murieron durante el asalto y nueve fueron tomados como rehenes. La operación de rescate organizada en la base aérea de Fürstenfeldbruck fracasó la noche siguiente: murieron los nueve rehenes, cinco de los atacantes y un policía alemán. El atentado interrumpió los Juegos durante unas 34 horas y cambió la forma de proteger los grandes acontecimientos deportivos.

La tragedia ocurrió en una edición olímpica que había sido diseñada para proyectar una imagen de apertura, modernidad y normalidad democrática. La seguridad visible era limitada y la Villa Olímpica se concebía más como un espacio residencial abierto que como una instalación militar. Esa decisión, unida a fallos de coordinación y a una preparación insuficiente para una toma de rehenes, permitió que los atacantes llegaran hasta los edificios donde se alojaban los deportistas israelíes.

¿Cómo comenzó el ataque en la Villa Olímpica?

Poco después de las cuatro de la madrugada del 5 de septiembre, los atacantes escalaron una valla del recinto olímpico. Llevaban armas y vestían ropa deportiva, lo que les permitió moverse con relativa facilidad por una zona en la que algunos atletas también regresaban de actividades nocturnas. Su objetivo fue el edificio de Connollystraße 31, donde se alojaban miembros de la delegación israelí.

En el primer apartamento encontraron a entrenadores, jueces y responsables del equipo. El entrenador de lucha Moshe Weinberg intentó oponerse a la intrusión y resultó mortalmente herido. El levantador de pesas Yosef Romano también trató de resistir y fue asesinado. Otros integrantes de la delegación lograron escapar o no fueron localizados, pero nueve personas quedaron bajo control de los secuestradores.

Entre los rehenes había atletas, entrenadores y jueces. Los atacantes exigieron la liberación de más de 300 prisioneros, la mayoría encarcelados en Israel, además de algunas personas detenidas en Alemania. La demanda convirtió el ataque en una crisis política internacional, porque cualquier decisión alemana podía afectar a Israel, a los países árabes y a la propia celebración de los Juegos.

¿Por qué las autoridades no aceptaron las exigencias?

El Gobierno israelí rechazó liberar a los prisioneros y ofreció enviar una unidad especial para intentar recuperar a los rehenes. Las autoridades de Alemania Occidental no aceptaron esa intervención y optaron por negociar directamente. Durante el día, los responsables de la crisis intentaron retrasar los plazos y ganar tiempo mientras la policía preparaba una posible entrada en el apartamento.

La televisión difundió imágenes de agentes apostados en los tejados de la Villa Olímpica. Esa exposición pública perjudicó el plan: los secuestradores podían observar los movimientos policiales desde el edificio y comprender que se preparaba una intervención. El intento de asalto fue abandonado porque se consideró que podía provocar una matanza inmediata entre los rehenes.

Mientras tanto, las competiciones continuaron durante parte de la jornada. El contraste entre los eventos deportivos y la toma de rehenes se volvió cada vez más difícil de sostener, especialmente porque periodistas, fotógrafos y curiosos se concentraban alrededor de la Villa. Por la tarde, el Comité Olímpico decidió suspender las pruebas y las autoridades negociaron una salida aérea hacia Egipto.

¿Cómo se desarrolló el fallido rescate de Fürstenfeldbruck?

El plan consistía en trasladar a los secuestradores y a los rehenes en helicópteros hasta la base aérea de Fürstenfeldbruck, situada al oeste de Múnich. Allí esperaba un avión de Lufthansa que supuestamente los llevaría a El Cairo. En realidad, las autoridades habían preparado una emboscada: varios policías debían hacerse pasar por tripulantes y dominar a los atacantes dentro del avión.

El plan se debilitó antes de comenzar. Los policías asignados al avión carecían de entrenamiento específico y del armamento adecuado para una operación de ese tipo. Además, abandonaron sus posiciones poco antes de que llegaran los helicópteros. Los atacantes pudieron inspeccionar el avión y descubrieron que no había una tripulación normal esperándolos.

Los dos helicópteros aterrizaron alrededor de las diez y media de la noche. Cuando los secuestradores salieron a comprobar el avión, los francotiradores policiales abrieron fuego. La respuesta provocó un tiroteo desordenado y prolongado. La policía no disponía de suficientes tiradores, no tenía una visión completa del lugar y no contaba con un mando operativo capaz de coordinar con precisión las distintas posiciones.

En medio del intercambio, los atacantes dispararon contra los helicópteros. Uno de ellos lanzó una granada al interior de una aeronave, mientras otro abrió fuego contra los rehenes. Los nueve israelíes murieron. También falleció el agente de policía Anton Fliegerbauer. Cinco de los ocho atacantes fueron abatidos y los otros tres fueron detenidos.

La confusión continuó después del tiroteo. Mientras la operación aún no había terminado, circuló la información falsa de que todos los rehenes habían sido liberados. Un portavoz del Gobierno llegó a anunciarlo públicamente, pero horas después se confirmó que la misión había terminado con la muerte de los cautivos. La noticia se corrigió cerca de las tres de la madrugada del 6 de septiembre.

¿Qué ocurrió con los Juegos Olímpicos?

El Comité Olímpico Internacional celebró un acto de homenaje el 6 de septiembre. Avery Brundage, presidente del organismo, defendió la continuidad de la competición después de la ceremonia. Las pruebas se reanudaron tras una suspensión de aproximadamente 34 horas, y los féretros de las víctimas fueron trasladados fuera de Alemania el 7 de septiembre.

La decisión de continuar generó críticas. Para algunos responsables olímpicos, suspender los Juegos habría concedido a los atacantes el poder de destruir el acontecimiento. Para las familias de las víctimas y numerosos observadores, el regreso rápido a la normalidad transmitió una respuesta fría e insuficiente ante una tragedia que había ocurrido dentro del propio recinto olímpico.

La cobertura televisiva también transformó el significado del episodio. Millones de personas siguieron las imágenes de los helicópteros, los edificios rodeados por policías y las negociaciones. Fue uno de los primeros grandes atentados observados casi en directo por una audiencia internacional, aunque la transmisión también mostró los riesgos de revelar movimientos operativos durante una crisis.

¿Qué consecuencias tuvo el atentado?

El ataque expuso graves deficiencias en la seguridad de los Juegos y aceleró la creación de unidades especializadas contra el terrorismo y las tomas de rehenes en Alemania Occidental. La experiencia de Múnich contribuyó posteriormente al desarrollo de estructuras como la GSG 9, fundada en 1973 para responder a amenazas de alta gravedad.

El secuestro también afectó las relaciones entre Alemania Occidental e Israel y complicó la política alemana hacia los países árabes y la Organización para la Liberación de Palestina. El 29 de octubre de 1972, menos de dos meses después del atentado, un secuestro de un avión de Lufthansa fue utilizado para conseguir la liberación de los tres atacantes que habían sobrevivido y permanecían detenidos. Nunca fueron juzgados por los asesinatos en Alemania.

Durante décadas, las familias de las víctimas reclamaron una explicación completa, una conmemoración digna y una compensación adecuada. El acuerdo sobre indemnizaciones llegó cincuenta años después del ataque, en 2022. Ese mismo año, el Gobierno alemán respaldó una investigación histórica internacional para revisar los antecedentes, la planificación de seguridad, la operación policial y las consecuencias políticas del atentado.

¿Por qué Múnich 1972 sigue siendo un momento decisivo?

El atentado de Múnich demostró que un acontecimiento deportivo internacional podía convertirse en objetivo directo de la violencia política. También evidenció que la negociación improvisada, la falta de preparación y la exposición televisiva de una operación podían multiplicar el peligro para los rehenes.

Su legado no se limita a la seguridad olímpica. La tragedia modificó los protocolos de protección de delegaciones, la coordinación entre policía y autoridades políticas y la cobertura periodística de las crisis en directo. Además, obligó al movimiento olímpico a enfrentarse a una pregunta que sigue vigente: cómo preservar la continuidad de un espectáculo mundial sin minimizar la vida de quienes participan en él.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo ocurrió el atentado de los Juegos Olímpicos de Múnich?

Comenzó durante la madrugada del 5 de septiembre de 1972 y terminó en la madrugada del 6 de septiembre, tras el fallido rescate en Fürstenfeldbruck.

¿Cuántas personas murieron?

Murieron once miembros de la delegación israelí, un policía alemán y cinco de los ocho atacantes. Dos israelíes fueron asesinados en la Villa Olímpica y nueve durante la operación de rescate.

¿Se suspendieron los Juegos Olímpicos?

Las competiciones se interrumpieron durante unas 34 horas. Después del homenaje a las víctimas, el programa olímpico se reanudó.