Entre el 18 y el 27 de mayo de 1980, estudiantes y ciudadanos de Gwangju, en el suroeste de Corea del Sur, se enfrentaron a la ley marcial y a las fuerzas militares. La protesta comenzó contra el cierre de las universidades, la ampliación de la ley marcial y la concentración del poder en manos de los militares, pero se transformó en una insurrección ciudadana. El ejército recuperó la ciudad mediante una operación violenta y la dictadura conservó el poder. Sin embargo, la memoria de la represión impulsó el movimiento prodemocrático que forzó la apertura política de 1987.
El contexto: del asesinato de Park Chung-hee al ascenso militar
Corea del Sur vivía bajo un sistema autoritario desde hacía décadas. El presidente Park Chung-hee había gobernado con amplios poderes ejecutivos y una fuerte presencia militar en la vida política. Su asesinato, el 26 de octubre de 1979, abrió una etapa de incertidumbre, pero no condujo de inmediato a una transición democrática.
El 12 de diciembre de ese año, un grupo de oficiales dirigido por el general Chun Doo-hwan tomó el control de las estructuras militares mediante un golpe interno. Durante la primavera de 1980 crecieron las protestas estudiantiles y sindicales, conocidas como la “Primavera de Seúl”. Los manifestantes exigían el fin de la ley marcial, elecciones democráticas y la liberación de los dirigentes opositores, entre ellos Kim Dae-jung, originario de la región de Jeolla.
El 17 de mayo, las autoridades ampliaron la ley marcial a todo el país, cerraron las universidades, prohibieron las actividades políticas y restringieron todavía más la prensa. También arrestaron a figuras de la oposición y a numerosos activistas. En Gwangju, una ciudad con una larga tradición de movilización política y un sentimiento de marginación respecto al poder central, la medida provocó una respuesta inmediata.
Cómo una protesta estudiantil se convirtió en un movimiento ciudadano
En la mañana del 18 de mayo, estudiantes de la Universidad Nacional de Chonnam comenzaron a protestar. Los alumnos que intentaban reunirse en sus inmediaciones fueron dispersados por tropas aerotransportadas. Testimonios y documentos posteriores describieron golpes, detenciones y un uso de la fuerza que superó las prácticas habituales de control de disturbios.
Las imágenes de estudiantes heridos y las noticias sobre abusos hicieron que numerosos vecinos se sumaran a las protestas. Durante los días siguientes, las manifestaciones se extendieron por las calles de Gwangju. Comerciantes, trabajadores, taxistas, amas de casa y estudiantes participaron en las concentraciones, en el suministro de alimentos y en la atención a los heridos.
La respuesta militar, lejos de contener el movimiento, amplió la indignación. Las tropas utilizaron vehículos, porras, armas de fuego y detenciones masivas contra la población. El 20 de mayo, una multitud atacó edificios oficiales y emisoras que difundían la versión gubernamental de los acontecimientos. Algunos taxistas organizaron caravanas para transportar heridos y hacer visible la situación.
La ciudad comenzó a quedar aislada del resto del país. Se interrumpieron las comunicaciones, se bloquearon carreteras y la prensa nacional recibió instrucciones para no informar de manera independiente. Mientras el Gobierno intentaba presentar los hechos como una rebelión instigada por agitadores y agentes extranjeros, en Gwangju la protesta adquiría una dimensión ciudadana.
El 21 de mayo: disparos contra la multitud
El momento más crítico llegó el 21 de mayo, cuando soldados desplegados cerca de la sede de la provincia de Jeolla del Sur abrieron fuego contra los manifestantes. La secuencia exacta de los disparos y las órdenes transmitidas durante aquella jornada fue objeto de investigaciones posteriores. Las comisiones oficiales y los tribunales surcoreanos terminaron reconociendo la responsabilidad de las fuerzas estatales en la represión y en graves violaciones de derechos humanos.
Tras los disparos, parte de la población se apoderó de armas en comisarías y depósitos militares de localidades cercanas. Se formaron grupos civiles armados, aunque también hubo ciudadanos que intentaron negociar una salida pacífica. Los dirigentes del movimiento organizaron comités para distribuir alimentos, gestionar la seguridad y mantener abiertos los hospitales. En medio del aislamiento, los habitantes establecieron redes de ayuda y donación de sangre.
Durante varios días, las fuerzas militares se retiraron parcialmente del centro de Gwangju, pero mantuvieron el cerco exterior. La ciudad quedó bajo control de los manifestantes, una situación excepcional en la Corea del Sur autoritaria. En el edificio de la antigua oficina provincial se celebraron reuniones y negociaciones entre representantes civiles y las autoridades.
Las demandas incluían la retirada de las tropas, la liberación de los detenidos y una investigación sobre las muertes y los abusos. La organización de los servicios básicos y de la asistencia a los heridos mostró que el levantamiento no se limitaba al enfrentamiento con el ejército: también fue un esfuerzo ciudadano por sostener la vida colectiva durante el cerco.
La operación final y el coste humano
En la madrugada del 27 de mayo, el ejército lanzó una operación para recuperar el edificio provincial y los últimos puntos de resistencia. Las tropas avanzaron con unidades especiales y armas pesadas. El enfrentamiento terminó al amanecer, con la detención de numerosos participantes y el restablecimiento del control militar sobre la ciudad.
El levantamiento de Gwangju —conocido oficialmente en Corea del Sur como el Movimiento Democrático del 18 de Mayo— terminó con una violenta recuperación militar de la ciudad. En el corto plazo, la dictadura conservó el poder. El número de víctimas se convirtió desde el principio en una cuestión políticamente disputada.
Los primeros balances difundidos por el Gobierno fueron considerados incompletos por familiares, organizaciones de derechos humanos y testigos. Registros oficiales posteriores atribuyeron al movimiento centenares de muertos, desaparecidos y heridos. Una síntesis de la Fundación del 18 de Mayo recoge 154 fallecidos, 70 desaparecidos y 1.628 heridos en los balances administrativos de la época.
Las cifras pueden variar según se incluyan personas desaparecidas, muertes posteriores por heridas, víctimas civiles y militares, o afectados reconocidos en procesos de reparación. También se documentaron torturas, detenciones arbitrarias, violencia sexual y otras formas de maltrato.
En 2018, una investigación del Ministerio de Defensa confirmó que helicópteros militares realizaron disparos contra civiles durante la represión, una conclusión que reforzó la responsabilidad estatal ya establecida por investigaciones judiciales y oficiales anteriores.
El silencio oficial y la lucha por la memoria
Después de la operación, el Gobierno calificó los hechos como un “motín” y vinculó a los manifestantes con Corea del Norte. La censura impidió que la mayoría de la población surcoreana conociera la magnitud de la violencia. En Gwangju, las familias tuvieron que organizar funerales y conservar testimonios en un ambiente de vigilancia, miedo y estigmatización.
La versión oficial no eliminó la memoria del levantamiento. Estudiantes, periodistas, religiosos, familiares de víctimas y organizaciones clandestinas difundieron fotografías, relatos y documentos. Durante los años ochenta, Gwangju se convirtió en una referencia constante de las protestas contra Chun Doo-hwan.
La muerte bajo tortura del estudiante Park Jong-chul en 1987 y la posterior movilización nacional reavivaron las exigencias de verdad y justicia. En junio de ese año, una oleada de protestas obligó al régimen a aceptar reformas políticas, incluida la elección presidencial directa.
La democratización no resolvió de inmediato la cuestión de Gwangju, pero permitió revisar la versión oficial. En la década de 1990 se abrieron investigaciones, se reconoció institucionalmente a las víctimas y se juzgó a Chun Doo-hwan y a otros responsables por el golpe de 1979 y la represión de 1980.
Las condenas fueron posteriormente indultadas, pero establecieron judicialmente que la toma del poder y la violencia contra la población no podían presentarse como una operación legítima de defensa nacional. La revisión institucional convirtió una tragedia ocultada durante años en un asunto central de verdad, justicia y responsabilidad estatal, como ocurrió también, en otro contexto, con la investigación que destapó Watergate.
Por qué Gwangju sigue siendo decisivo
Gwangju no produjo una transición inmediata. La ciudad fue derrotada militarmente y el régimen de Chun se consolidó durante varios años. Su importancia histórica reside en otro lugar: mostró el coste de la concentración del poder, preservó una memoria alternativa frente a la propaganda estatal y vinculó la democracia con la defensa concreta de los derechos humanos, una preocupación también visible en la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad.
Hoy el 18 de mayo es una fecha nacional de conmemoración en Corea del Sur. El antiguo cementerio de Mangwol-dong y el Cementerio Nacional del 18 de Mayo recuerdan a las víctimas, mientras archivos y museos conservan fotografías, documentos y testimonios del movimiento. La historia de Gwangju también ha trascendido las fronteras surcoreanas como referencia para otros movimientos de derechos humanos en Asia.
La lección del levantamiento no consiste únicamente en recordar una represión. También obliga a observar cómo una sociedad puede reconstruir la verdad después de años de censura, cómo las víctimas pueden transformar el duelo en acción política y cómo un episodio localizado puede modificar la trayectoria constitucional de un país.
En Gwangju, la democracia no nació de una sola jornada victoriosa, sino de la persistencia de quienes se negaron a aceptar que la violencia estatal quedara convertida en silencio. La ciudad pasó así de ser una tragedia silenciada a convertirse en uno de los principales símbolos de la democracia surcoreana y de una transición democrática impulsada por la memoria y la movilización.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo ocurrió el levantamiento de Gwangju?
Ocurrió entre el 18 y el 27 de mayo de 1980, cuando estudiantes y ciudadanos de Gwangju se enfrentaron a la ley marcial y a las fuerzas militares surcoreanas.
¿Qué ocurrió el 21 de mayo de 1980?
El 21 de mayo, soldados desplegados cerca de la sede de la provincia de Jeolla del Sur abrieron fuego contra los manifestantes. Posteriormente, las comisiones oficiales y los tribunales surcoreanos reconocieron la responsabilidad estatal en la represión y en graves violaciones de derechos humanos.
¿Por qué es importante Gwangju para la historia de Corea del Sur?
Porque la memoria de la represión alimentó el movimiento prodemocrático que forzó la apertura política de 1987. Gwangju se convirtió en un símbolo de la defensa de los derechos humanos y de la democracia surcoreana.
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