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La terapia de rehidratación oral nació como tratamiento clínico moderno el 17 de agosto de 1968, cuando investigadores del Pakistan-SEATO Cholera Research Laboratory de Dacca, en el entonces Pakistán Oriental, publicaron resultados que demostraban que una solución de glucosa y sales podía mantener hidratados a pacientes adultos con cólera. El hallazgo no eliminó la necesidad de sueros intravenosos en los casos más graves, pero redujo drásticamente su uso y abrió una forma barata, transportable y sencilla de tratar la deshidratación por diarrea. Con el tiempo, aquella investigación transformó la atención médica en hogares, centros rurales y emergencias humanitarias de todo el mundo.

Por qué el cólera exigía una solución diferente

El cólera provoca una pérdida rápida de agua y electrolitos mediante diarreas muy abundantes. Sin tratamiento, la persona puede entrar en shock por deshidratación y morir en pocas horas. Durante buena parte del siglo XX, la respuesta más eficaz consistía en administrar líquidos por vía intravenosa. Ese método podía salvar vidas, pero requería personal entrenado, material estéril, un suministro constante de soluciones y condiciones clínicas relativamente seguras.

El problema era especialmente grave en las regiones del delta del Ganges y del Brahmaputra, donde el cólera era endémico y las epidemias podían afectar a comunidades con pocos médicos, malas comunicaciones y escaso acceso a hospitales. En esas circunstancias, una terapia que pudiera administrarse por la boca, con ingredientes fáciles de transportar y preparar, tenía un valor práctico enorme.

La idea científica detrás del tratamiento

El avance no apareció de repente ni fue obra de una sola persona. Durante las décadas de 1950 y 1960, distintos equipos estudiaron qué sustancias se perdían durante el cólera y cómo podía recuperarlas el organismo. Las investigaciones mostraron que el intestino seguía siendo capaz de absorber sodio y agua incluso durante una diarrea intensa.

La clave estaba en combinar el sodio con glucosa. Cuando ambas sustancias llegan juntas al intestino en proporciones adecuadas, los mecanismos de transporte celular favorecen la absorción de sodio; el agua acompaña ese movimiento. El cólera altera la secreción intestinal, pero no destruye por completo ese sistema de absorción. Por eso, una mezcla correctamente equilibrada de agua, sales y glucosa podía rehidratar al paciente aunque continuara la diarrea.

La dificultad consistía en determinar la composición y la cantidad apropiadas. Una solución con demasiada glucosa o demasiadas sales podía aumentar la concentración dentro del intestino y empeorar la pérdida de agua. El tratamiento debía ser suficientemente eficaz para absorber líquidos, pero también sencillo de administrar y de fabricar.

Qué ocurrió en Dacca en 1968

El Pakistan-SEATO Cholera Research Laboratory, establecido en Dacca para investigar el cólera y otras enfermedades diarreicas, se convirtió en uno de los principales centros de experimentación clínica sobre rehidratación. En 1968, un equipo integrado por David R. Nalin, Richard A. Cash, Rafiqul Islam y Majid Molla estudió una solución oral de glucosa y electrolitos en adultos con cólera.

El informe publicado en The Lancet el 17 de agosto de ese año describió el uso de la solución como terapia de mantenimiento en ocho pacientes adultos. La mezcla se administraba en cantidades destinadas a compensar las pérdidas producidas por la diarrea. Los resultados mostraron que los pacientes podían mantener un equilibrio positivo de agua y sales y que la necesidad de líquidos intravenosos disminuía aproximadamente un 80 por ciento.

El resultado fue importante por dos motivos. Primero, confirmó en pacientes reales que la fisiología estudiada en el laboratorio podía convertirse en un tratamiento eficaz. Segundo, mostró que la terapia oral no tenía que limitarse a enfermos con diarrea leve o a personas que ya estuvieran recuperándose: también podía desempeñar un papel en pacientes con cólera grave, una enfermedad que hasta entonces parecía exigir una intervención intravenosa continua.

Quiénes hicieron posible el avance

La historia suele resumirse como el descubrimiento de una “sal” contra la diarrea, pero el avance fue colectivo. Investigadores de Dacca y de Calcuta trabajaron en paralelo sobre la composición de los líquidos corporales, el transporte intestinal y la reposición de electrolitos. Entre los científicos vinculados al desarrollo de la terapia estuvieron Robert A. Phillips, Norbert Hirschhorn, David Nalin, Richard Cash, Nathaniel Pierce y varios médicos y técnicos locales.

La colaboración internacional fue importante, pero también lo fue el conocimiento acumulado en los hospitales de Asia meridional. Las investigaciones se realizaron cerca de los pacientes y en lugares donde el cólera representaba un problema cotidiano. Esa proximidad permitió probar rápidamente si una solución funcionaba en condiciones clínicas reales, no solo en modelos experimentales.

Cómo se comprobó fuera del laboratorio

El ensayo de 1968 fue una demostración clínica decisiva, pero la expansión de la terapia oral exigía comprobar que podía aplicarse a cientos o miles de personas en condiciones difíciles. Esa prueba llegó durante la guerra de independencia de Bangladesh, en 1971, cuando millones de personas huyeron hacia la India y los campamentos de refugiados sufrieron brotes de cólera.

En Bongaon, Bengala Occidental, equipos dirigidos por Dilip Mahalanabis utilizaron soluciones orales cuando los suministros intravenosos eran insuficientes. El tratamiento se administraba a pacientes que podían beber, mientras que los casos en shock recibían inicialmente líquidos intravenosos. En el centro de tratamiento se atendió a más de 3.700 personas y la mortalidad general fue del 3,6 por ciento; en una unidad demostrativa que aplicó el protocolo de manera intensiva fue cercana al 1 por ciento.

Esta experiencia mostró que la terapia podía salir del hospital y funcionar en campamentos, puestos sanitarios y comunidades con recursos limitados. También confirmó una regla esencial: la solución oral no debía considerarse un sustituto automático de la vía intravenosa en todos los casos. Los pacientes inconscientes, en shock profundo o incapaces de beber todavía necesitaban atención urgente y reanimación adecuada.

Qué cambió después de la investigación

La Organización Mundial de la Salud incorporó la rehidratación oral al centro de sus programas contra las enfermedades diarreicas. Con el tiempo, los sobres de sales de rehidratación oral comenzaron a distribuirse en centros de salud, campañas de emergencia y hogares. Su composición fue revisándose para mejorar la eficacia y reducir el riesgo de errores, pero el principio siguió siendo el mismo: agua limpia con una combinación precisa de sales y glucosa.

El impacto no se limitó al cólera. La terapia se convirtió en una herramienta fundamental contra la diarrea causada por distintas infecciones, especialmente en niños. Su bajo coste y facilidad de transporte permitieron utilizarla en zonas rurales, durante desastres naturales, en conflictos armados y en brotes epidémicos donde los hospitales no podían atender a todos los pacientes.

También cambió la educación sanitaria. Las familias aprendieron que la prioridad ante una diarrea intensa era prevenir la deshidratación y mantener la alimentación cuando fuera posible, en lugar de esperar a que aparecieran signos de shock. En muchos lugares, las soluciones caseras de emergencia con agua, azúcar y sal se enseñaron como medida provisional, aunque los sobres preparados ofrecen mayor seguridad cuando están disponibles porque contienen proporciones controladas.

Por qué sigue siendo un momento decisivo

El ensayo de Dacca no fue una cura contra el cólera ni acabó con las epidemias. Su importancia fue más práctica y profunda: convirtió un conocimiento fisiológico en una intervención que podía administrarse sin equipos complejos. La medicina demostró que una solución sencilla, si estaba bien formulada y respaldada por ensayos clínicos, podía tener un impacto comparable al de tecnologías mucho más costosas.

La rehidratación oral también cambió la relación entre investigación y salud pública. El avance se desarrolló en una región afectada directamente por la enfermedad y después se adaptó a programas internacionales. Por eso, el 17 de agosto de 1968 se considera una fecha clave en la historia de la medicina moderna: aquel informe no inventó todos los componentes de la solución, pero confirmó que podían salvar vidas a gran escala.

Preguntas frecuentes

¿La terapia de rehidratación oral fue inventada por una sola persona?

No. Fue el resultado de décadas de investigaciones y del trabajo conjunto de equipos de Dacca, Calcuta y otros centros. El ensayo de 1968 reunió contribuciones de científicos internacionales y personal médico local.

¿La solución oral reemplazó por completo al suero intravenoso?

No. Sigue siendo necesario usar líquidos intravenosos cuando existe shock grave, pérdida de conciencia o imposibilidad de beber. La terapia oral redujo la dependencia de la vía intravenosa en muchos pacientes que podían ingerir líquidos.

¿Por qué la glucosa ayuda a tratar la deshidratación?

Porque facilita la absorción intestinal del sodio. El agua acompaña ese proceso, siempre que la mezcla tenga concentraciones adecuadas de glucosa y electrolitos.