Entre julio y septiembre de 1940, en Kaunas, Lituania, el diplomático japonés Chiune Sugihara emitió miles de visas de tránsito a refugiados judíos y polacos que buscaban escapar de la Europa ocupada. Su decisión permitió que muchas familias atravesaran la Unión Soviética en tren, llegaran a Japón y continuaran después hacia otros destinos. Sugihara no actuó solo: la ruta también dependió de permisos soviéticos, documentos neerlandeses y redes de ayuda. Sin embargo, su intervención convirtió un trámite consular en una oportunidad de supervivencia para miles de personas.
¿Por qué había tantos refugiados atrapados en Kaunas?
La situación se volvió crítica después de la invasión alemana de Polonia en septiembre de 1939. Miles de judíos polacos huyeron hacia el este y llegaron a Lituania, que todavía era independiente. Kaunas, entonces capital provisional del país, se transformó en un punto de concentración para personas que intentaban encontrar una salida antes de que la guerra cerrara todas las fronteras.
El peligro aumentó en junio de 1940, cuando la Unión Soviética ocupó Lituania. Las autoridades soviéticas comenzaron a controlar los desplazamientos, perseguir organizaciones consideradas hostiles y limitar la posibilidad de abandonar el territorio. Al mismo tiempo, la expansión alemana había convertido Europa occidental en una zona cada vez más peligrosa para los judíos.
Los refugiados necesitaban un itinerario que combinara varios documentos. El cónsul neerlandés honorario Jan Zwartendijk comenzó a entregar certificados que indicaban que no era necesario un visado de entrada para viajar a Curaçao y otras posesiones neerlandesas del Caribe. En la práctica, ese documento podía servir como destino final sobre el papel, aunque llegar al Caribe era casi imposible en aquellas circunstancias.
¿Qué hizo Chiune Sugihara?
Sugihara era el vicecónsul japonés en Kaunas. Había sido enviado a Lituania, entre otras razones, por su conocimiento del ruso y su capacidad para obtener información sobre los movimientos soviéticos y alemanes. En el verano de 1940, los refugiados comenzaron a acudir al consulado japonés con los certificados neerlandeses y con la esperanza de obtener un permiso para cruzar la Unión Soviética y llegar a Japón.
El visado japonés no garantizaba la entrada definitiva en otro país. Era un permiso de tránsito, normalmente válido por diez días, que permitía atravesar Japón. Aun así, podía ser la pieza que faltaba para obtener autorización soviética de salida y comprar un pasaje en el ferrocarril Transiberiano. Desde Vladivostok, los refugiados podían viajar por mar hasta Japón.
Según el Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos, Sugihara emitió visados para cientos de refugiados que tenían los certificados de destino neerlandeses y, antes del cierre del consulado, también atendió a personas que carecían de todos los documentos exigidos. La decisión no fue una operación militar ni una evacuación organizada por un gobierno aliado: fue una cadena de expedientes, sellos y firmas realizada bajo una presión extrema.
La decisión frente a las instrucciones de Tokio
El Ministerio de Asuntos Exteriores japonés exigía que los solicitantes tuvieran los documentos de entrada de su destino final y recursos económicos suficientes para su estancia en Japón. Sugihara recibió una comunicación que le recordaba esas condiciones después de haber expedido alrededor de 1.800 visados.
El diplomático respondió que muchos refugiados no podían completar esos requisitos porque Japón era la única ruta disponible para salir de la Unión Soviética en dirección a Estados Unidos y otros países. También explicó que los documentos eran necesarios para que las autoridades soviéticas permitieran la salida. La respuesta de Tokio no autorizó de forma general la emisión irregular de visados, pero las autoridades soviéticas terminaron aceptando los documentos ya expedidos por los consulados japoneses.
Por eso, la descripción popular de Sugihara como alguien que simplemente desobedeció una orden directa necesita matices. Las fuentes no presentan una instrucción única y explícita que dijera “no emita visados”, pero sí muestran que continuó ayudando a personas que no cumplían todas las condiciones consulares. Su decisión consistió en interpretar las reglas de manera amplia y asumir las consecuencias profesionales de hacerlo.
La cronología de la salida
- Septiembre de 1939: la invasión de Polonia provoca el desplazamiento de numerosos refugiados judíos hacia Lituania.
- Junio de 1940: la Unión Soviética ocupa Lituania y aumenta el control sobre las fronteras y los movimientos de la población.
- Verano de 1940: Jan Zwartendijk entrega certificados neerlandeses para Curaçao y Sugihara comienza a emitir visados japoneses de tránsito.
- Julio y agosto de 1940: el consulado procesa un gran número de solicitudes, incluso algunas incompletas.
- Finales de agosto y comienzos de septiembre: Sugihara abandona Kaunas mientras continúa la salida de refugiados a través de la Unión Soviética.
- 1940-1941: muchos beneficiarios llegan a Japón; otros terminan desplazándose posteriormente a China o a distintos países de América y Oriente Medio.
La documentación conservada no permite convertir cada visado en una cifra exacta de personas salvadas. El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos indica que Sugihara emitió visados a 2.140 personas, documentos que también cubrían aproximadamente a otras 300, en su mayoría niños. Otras instituciones hablan de más de 2.000 visados y de varios miles de beneficiarios, porque un solo documento podía incluir a una familia.
¿Cómo consiguieron sobrevivir los refugiados?
La visa era solo el comienzo. Los refugiados necesitaban permiso soviético para salir del territorio, dinero para pagar el viaje y un destino posible después de Japón. Muchos atravesaron Siberia en el Transiberiano hasta Vladivostok y desde allí navegaron hacia Tsuruga o Kobe.
En Japón, algunas familias pudieron continuar hacia Estados Unidos, Canadá, Australia, Palestina bajo Mandato británico o América Latina. Otras permanecieron en el país durante meses y, cuando la guerra en el Pacífico modificó la política japonesa, fueron trasladadas a Shanghái, en la China ocupada. No todos los titulares de una visa lograron escapar: las restricciones soviéticas y la falta de dinero impidieron que algunas personas salieran de Lituania a tiempo.
Un ejemplo documentado es el de Lucille Szepsenwol Camhi y su hermana. Tras desplazarse desde la zona soviética de Polonia hasta Vilna, lograron obtener visados japoneses y viajaron por el Transiberiano. Llegaron a Japón en septiembre de 1940 y posteriormente alcanzaron Estados Unidos. Su historia muestra que los documentos solo funcionaban cuando podían integrarse en una ruta internacional todavía abierta.
¿Qué consecuencias tuvo para Sugihara?
Después de cerrar el consulado, Sugihara fue destinado a Praga y después a Bucarest. En 1944 fue detenido por las fuerzas soviéticas junto con otros diplomáticos de países enemigos y permaneció retenido con su familia durante aproximadamente tres años. Al regresar a Japón en 1947, quedó fuera del Ministerio de Asuntos Exteriores durante una reorganización de personal de la posguerra.
Durante décadas, su actuación fue poco conocida fuera de los círculos de supervivientes. Muchos beneficiarios y sus descendientes intentaron localizarlo y reconstruir el alcance de su ayuda. En 1984, Yad Vashem lo reconoció como Justo entre las Naciones, una distinción concedida a personas no judías que ayudaron a salvar judíos durante el Holocausto. La ceremonia se celebró en Jerusalén en enero de 1985.
La importancia histórica de Sugihara no reside únicamente en el número de documentos que firmó. Su caso muestra cómo una persona situada en un puesto administrativo pudo modificar el destino de miles de familias al interpretar una norma de forma humanitaria cuando las instituciones que la aplicaban estaban diseñadas para excluirlas. También recuerda que el rescate dependió de una cadena internacional: Zwartendijk, funcionarios soviéticos, comunidades judías, organizaciones de ayuda, capitanes de barcos y países que aceptaron a los refugiados.
Legado de las “visas de vida”
Las visas de Sugihara se convirtieron en un símbolo de la responsabilidad individual durante una persecución masiva. En Japón y Lituania se crearon museos, archivos y memoriales dedicados a su actuación. Los documentos originales conservados por instituciones como Yad Vashem permiten estudiar nombres, rutas y fechas concretas, no solo una narración heroica transmitida por la memoria.
La historia también exige evitar una simplificación: Sugihara no pudo salvar a todos los refugiados, no todos los visados fueron utilizados y la cifra de beneficiarios varía según el método de cálculo. Aun con esas limitaciones, las fuentes coinciden en que su labor abrió una ruta de escape real en el verano de 1940 y permitió que miles de personas abandonaran una Europa cada vez más peligrosa.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas personas ayudó Chiune Sugihara?
Las cifras varían porque un visado podía cubrir a una familia. El Museo Conmemorativo del Holocausto de Estados Unidos registra 2.140 personas con visados, además de unas 300 cubiertas por esos documentos, mientras otras fuentes hablan de varios miles de beneficiarios.
¿Dónde entregó Sugihara las visas?
Las emitió desde el consulado japonés en Kaunas, Lituania, durante el verano de 1940 y hasta la salida del personal diplomático a comienzos de septiembre.
¿Por qué recibió el título de Justo entre las Naciones?
Yad Vashem le concedió esa distinción por haber ayudado a refugiados judíos a escapar de la persecución nazi mediante la emisión de visados de tránsito y otras gestiones de auxilio.

