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El edificio de los grandes almacenes Sampoong se derrumbó el 29 de junio de 1995 en el distrito de Seocho, en Seúl, Corea del Sur, porque una combinación de cambios no autorizados, sobrecargas, deficiencias constructivas, supervisión insuficiente y decisiones empresariales ignoró señales claras de peligro. El colapso del ala norte ocurrió alrededor de las 17:52 y arrastró casi toda la estructura en cuestión de segundos. El balance oficial fue de 502 muertos, 937 heridos y seis personas desaparecidas, una de las peores tragedias de la historia contemporánea surcoreana.

La importancia del caso no reside solo en la magnitud de la destrucción. Sampoong se convirtió en un ejemplo internacional de cómo un edificio puede fallar cuando los errores técnicos se combinan con presiones comerciales, corrupción, controles débiles y una cultura que trata las advertencias de seguridad como obstáculos para el negocio.

Cómo era el edificio y qué cambió durante su construcción

El inmueble comenzó a construirse en 1987 y abrió al público en 1990. Tenía cinco plantas sobre el nivel del suelo y cuatro sótanos, con una superficie aproximada de 74.000 metros cuadrados. El proyecto inicial no estaba concebido exactamente como unos grandes almacenes: se había planteado como un edificio de oficinas, pero el propietario impulsó modificaciones para convertirlo en un centro comercial.

El cambio de uso elevó las exigencias sobre la estructura. Una de las modificaciones más importantes afectó a la quinta planta, que originalmente iba a albergar una pista de patinaje. Después se transformó en una zona de restaurantes, con suelos, tabiques, instalaciones y sistemas de calefacción que añadieron peso. Según el análisis técnico publicado por investigadores de ingeniería, la carga permanente de esa planta aumentó aproximadamente un 35 por ciento con respecto al diseño previsto.

También se redujeron dimensiones relevantes de elementos estructurales. Las columnas que sostenían las plantas superiores eran más pequeñas que las consideradas en los cálculos originales, y la profundidad efectiva de las losas resultó inferior a la especificada. Además, se alteraron posiciones y dimensiones de columnas para facilitar la distribución comercial y ampliar el espacio útil. En una construcción de losas planas, en la que las columnas soportan directamente las placas de hormigón, esos cambios podían debilitar especialmente las zonas de unión.

Por qué la estructura comenzó a fallar

La investigación técnica concluyó que el colapso se inició probablemente por un fallo de punzonamiento: una losa cedió alrededor de una columna, como si esta atravesara el hormigón. El mecanismo puede producirse cuando una concentración de cargas supera la capacidad de la conexión entre la losa y el soporte vertical. Una vez que una zona pierde su capacidad, las cargas se redistribuyen hacia elementos vecinos, que también pueden sobrecargarse.

En Sampoong, el problema no tuvo una causa única. El hormigón empleado presentaba una resistencia inferior a la especificada en algunos elementos, mientras que las dimensiones y el armado no siempre correspondían a los cálculos originales. El cambio de uso de la quinta planta, la colocación de equipos pesados en la cubierta y la reducción de ciertos apoyos agravaron la situación.

Los equipos de aire acondicionado instalados en la cubierta fueron desplazados para reducir las molestias que provocaban las vibraciones y el ruido. Ese movimiento no fue una simple operación logística: arrastrar maquinaria pesada sobre una losa ya comprometida introdujo esfuerzos adicionales. Los análisis posteriores señalaron que las zonas cercanas a las columnas de la quinta planta y de la cubierta eran especialmente vulnerables.

Las señales de alarma antes del derrumbe

Durante los meses previos aparecieron grietas y deformaciones. El deterioro se hizo mucho más evidente el 29 de junio de 1995, cuando empleados y clientes observaron ruidos, vibraciones, fisuras y daños en el techo de la quinta planta. También se registraron filtraciones y signos de que algunas partes de la estructura estaban desplazándose.

La dirección convocó a expertos para evaluar la situación. La información disponible indica que al menos algunos ingenieros consideraron que existía un peligro grave y recomendaron evacuar el edificio. La quinta planta fue cerrada parcialmente, pero el centro comercial no fue desalojado por completo. En lugar de interrumpir inmediatamente la actividad, se intentaron medidas provisionales, como cubrir o reparar grietas y mover mercancías.

Esta decisión fue determinante. El edificio no se derrumbó sin aviso: hubo señales visibles de daño estructural y una oportunidad concreta para sacar a las personas del interior. La investigación posterior destacó que la respuesta de los propietarios y administradores contribuyó a convertir un fallo estructural en una catástrofe humana. La prioridad no fue únicamente técnica; también intervino el temor a perder las ventas de una jornada comercial.

Cómo ocurrió el colapso el 29 de junio de 1995

A última hora de la tarde, la zona norte de los grandes almacenes cedió. La parte superior cayó sobre los niveles inferiores y desencadenó un colapso progresivo. Las plantas se desplomaron unas sobre otras, mientras grandes sectores de hormigón, acero, mobiliario y mercancías quedaron comprimidos en los sótanos.

El derrumbe fue tan rápido que muchas personas no tuvieron tiempo de reaccionar. Algunos clientes y empleados lograron salir cuando comenzaron los ruidos y las vibraciones, pero cientos quedaron atrapados. La fachada y algunos fragmentos de la estructura permanecieron en pie, lo que complicó la evaluación del lugar y aumentó el riesgo para los rescatistas.

En las primeras horas se organizaron operaciones de búsqueda con bomberos, soldados, policías, médicos, voluntarios y maquinaria pesada. El trabajo era especialmente peligroso: retirar una losa podía provocar nuevos movimientos, cortar bolsas de aire o aplastar espacios donde aún hubiera supervivientes. La lluvia, el calor, los incendios localizados y la incertidumbre sobre la estabilidad del conjunto dificultaron las tareas.

Los rescates y la supervivencia bajo los escombros

Aunque la mayoría de las víctimas murió durante el derrumbe o poco después, varias personas fueron localizadas con vida días más tarde. Los equipos utilizaron detectores acústicos, perros, excavadoras y búsquedas manuales para identificar huecos entre las placas.

Uno de los rescates más recordados fue el de Choe Myeong-seok, encontrado con vida después de más de nueve días entre los restos. Otro superviviente, Yoo Ji-hwan, fue rescatado casi doce días después. El último rescate con vida ocurrió aproximadamente 17 días después del derrumbe: Park Seung-hyun, una empleada de 19 años, fue localizada en un espacio protegido entre los escombros y extraída el 15 de julio.

Estos casos no fueron resultado de una provisión regular de alimentos o agua. La supervivencia dependió de la existencia de pequeños espacios con aire, de la inmovilidad y de la capacidad del cuerpo para resistir condiciones extremas. La lluvia que penetró entre los restos pudo aportar algo de humedad, pero también representó un peligro para otras personas atrapadas.

La investigación y las responsabilidades

La investigación oficial descartó que una explosión de gas hubiera sido la causa principal y centró la explicación en el fallo estructural. Los peritos identificaron una cadena de decisiones que comenzó antes de la apertura: cambios en el proyecto, modificaciones durante la obra, materiales y dimensiones que no coincidían plenamente con las especificaciones, alteraciones del uso del edificio y controles deficientes.

También se investigaron los vínculos entre la empresa constructora, los responsables del inmueble y funcionarios encargados de autorizar o inspeccionar la obra. El caso expuso cómo los sobornos y la falta de independencia en la supervisión podían permitir que un edificio con deficiencias llegara a operar con miles de personas dentro.

Lee Joon, propietario y presidente del grupo empresarial relacionado con los grandes almacenes, fue condenado por negligencia criminal. Otros directivos y funcionarios recibieron condenas por sus responsabilidades en la construcción, la gestión del inmueble o la corrupción vinculada al caso. La justicia no trató el derrumbe como un accidente inevitable, sino como el resultado de decisiones humanas previsibles y evitables.

Qué cambió después del desastre

El derrumbe provocó una revisión nacional de la seguridad de edificios y estructuras. El gobierno intensificó las inspecciones de inmuebles grandes, reforzó los procedimientos de diagnóstico y promovió una mayor documentación de diseños, obras y mantenimiento. También se impulsaron reformas para hacer más sistemáticas las revisiones de seguridad y establecer responsabilidades más claras entre propietarios, constructores, supervisores y autoridades.

El desastre ocurrió un año después del colapso del puente Seongsu en Seúl, otra tragedia relacionada con deficiencias de construcción y mantenimiento. La sucesión de ambos accidentes alimentó un debate nacional sobre el rápido crecimiento urbano de Corea del Sur, que había producido grandes infraestructuras en poco tiempo, pero no siempre con controles equivalentes.

La lección técnica de Sampoong se incorporó a la enseñanza de la ingeniería estructural porque muestra que cumplir parcialmente un cálculo no basta si después se cambia el uso, se alteran los elementos resistentes o se ignoran daños visibles. La lección de gestión es todavía más directa: cuando aparecen grietas, deformaciones o ruidos anormales, la evacuación debe prevalecer sobre la continuidad del negocio.

Por qué Sampoong sigue siendo un caso de referencia

Sampoong no fue simplemente un edificio mal diseñado ni una desgracia causada por una sola pieza defectuosa. Fue un sistema de fallos acumulados. La estructura perdió margen de seguridad por modificaciones y sobrecargas; la supervisión no detectó o no corrigió a tiempo las irregularidades; los responsables ignoraron advertencias; y las instituciones no actuaron con la independencia necesaria.

Por eso el caso sigue apareciendo en cursos de ingeniería, gestión de riesgos y seguridad pública. Su enseñanza duradera es que las estructuras también dependen de decisiones organizativas. Un cálculo correcto puede quedar inutilizado por una modificación no revisada, y una alerta técnica puede no salvar vidas si nadie tiene autoridad o voluntad para ordenar una evacuación.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas personas murieron en el derrumbe de Sampoong?

El balance oficial registró 502 personas fallecidas, 937 heridas y seis desaparecidas.

¿Cuál fue la causa principal del colapso?

La causa inmediata fue un fallo estructural por punzonamiento en la conexión entre losas y columnas, agravado por sobrecargas, cambios de diseño, deficiencias constructivas y mala supervisión.

¿Cuándo fue rescatada la última superviviente?

Park Seung-hyun, una empleada de 19 años, fue rescatada el 15 de julio de 1995, aproximadamente 17 días después del derrumbe.