La Mona Lisa fue robada del Museo del Louvre de París el 21 de agosto de 1911 por Vincenzo Peruggia, un antiguo trabajador del museo que conocía sus accesos y sistemas de montaje. Durante más de dos años, el cuadro permaneció oculto hasta que Peruggia intentó venderlo en Florencia al anticuario Alfredo Geri. Geri avisó a las autoridades y la pintura fue recuperada el 12 de diciembre de 1913. Las cartas del ladrón, los testimonios y el expediente judicial demostraron que no había desaparecido por una conspiración internacional: estaba escondida en la habitación de su propio autor.
El caso se convirtió en uno de los grandes misterios criminales del siglo XX porque la obra desapareció de un museo lleno de visitantes sin que nadie presenciara el robo. También provocó una investigación llena de sospechas, acusaciones contra artistas famosos y teorías sobre compradores clandestinos. Sin embargo, los documentos conservados en Francia e Italia permiten reconstruir una explicación bastante precisa: Peruggia aprovechó su experiencia como trabajador del Louvre, retiró la pintura de su soporte, la ocultó durante unos veintiocho meses y finalmente se delató al buscar una recompensa económica y una consagración patriótica.
¿Qué ocurrió cuando desapareció la Mona Lisa?
La desaparición se produjo durante el cierre semanal del Louvre. Peruggia había trabajado como pintor y vidriero para el museo, y conocía la disposición de las salas, las escaleras de servicio y las rutinas del personal. Esa familiaridad fue decisiva. La Mona Lisa estaba protegida por una vitrina, pero su sistema de fijación no impedía que alguien que conociera el montaje pudiera retirarla con rapidez.
El cuadro no fue echado de menos inmediatamente. Cuando un visitante observó que la pared estaba vacía, algunos empleados pensaron que la pintura había sido llevada a un estudio para ser fotografiada, una práctica habitual en la época. La ausencia se confirmó al día siguiente, el 22 de agosto de 1911. La noticia provocó el cierre temporal de la galería, interrogatorios a trabajadores y una intensa búsqueda policial.
La investigación se complicó porque el ladrón no había dejado una escena espectacular. La obra había sido separada de su marco y trasladada por una zona de servicio. Según el expediente judicial conservado en Florencia, algunos testimonios respaldaron partes de la declaración de Peruggia: un trabajador encontró alterada una puerta de acceso y otra persona vio a un hombre con un paquete de dimensiones parecidas a las del cuadro cerca del Louvre.
¿Por qué sospecharon de artistas y coleccionistas?
El robo recibió una cobertura internacional extraordinaria. La Mona Lisa todavía no era el icono global que llegaría a ser, pero su desaparición convirtió el nombre del cuadro en noticia diaria. La policía interrogó a empleados, vigilantes, coleccionistas y personas relacionadas con el mundo artístico. Entre los sospechosos estuvieron el poeta Guillaume Apollinaire y Pablo Picasso, aunque ninguno tuvo relación demostrada con el robo.
La presión pública favoreció la aparición de rumores. Algunos periódicos especularon con una trama de falsificadores, un encargo de un coleccionista extranjero o una operación política destinada a devolver la obra a Italia. Esas hipótesis no fueron confirmadas. La documentación posterior mostró que Peruggia actuó por cuenta propia, aunque sus motivos mezclaban un nacionalismo italiano mal informado con el deseo de obtener dinero.
El ladrón creía que la pintura debía regresar a Italia porque, según su interpretación, Napoleón la había saqueado. Esa idea era históricamente incorrecta: Leonardo da Vinci llevó la obra a Francia y la pintura pasó a las colecciones de la monarquía francesa antes de formar parte del patrimonio del Louvre. Aun así, Peruggia presentó repetidamente su acción como una devolución patriótica, mientras sus cartas también mencionaban compensaciones económicas.
¿Cómo permaneció escondida durante más de dos años?
Después de sacarla del museo, Peruggia ocultó la Mona Lisa en su alojamiento de París. El cuadro era relativamente pequeño y estaba pintado sobre una tabla, no sobre un lienzo enrollable, de modo que tuvo que conservarlo plano y protegerlo de daños. El hecho de que permaneciera tanto tiempo en manos del ladrón demuestra que la búsqueda policial no logró relacionar de inmediato el robo con un antiguo trabajador del museo.
Peruggia tampoco intentó venderla enseguida a una gran casa de subastas internacional. Durante 1913 escribió a distintas personas con la esperanza de encontrar un intermediario italiano dispuesto a pagarle o a presentar la recuperación como un acto patriótico. El Archivo de Estado de Florencia conserva cartas en las que insiste en que la obra debía volver a Italia y, al mismo tiempo, deja entrever que esperaba una recompensa.
El retraso terminó siendo fundamental para resolver el caso. Peruggia no fue identificado mediante una persecución cinematográfica ni por una sofisticada prueba científica moderna. Se expuso al contactar con un profesional del mercado del arte que conocía la importancia de la pieza y que decidió actuar con cautela.
¿Cómo se descubrió al ladrón en Florencia?
En noviembre de 1913, Peruggia leyó un anuncio del anticuario florentino Alfredo Geri, que ofrecía comprar obras antiguas. El 24 de noviembre le escribió usando el seudónimo “Leonard V.” y le propuso entregarle la Mona Lisa. Afirmó que deseaba devolverla a Italia y que prefería que terminara en las Galerías de los Uffizi, pero también pidió dinero por sus gastos y por la supuesta recuperación de la obra.
Geri comprendió que la oferta podía corresponder al cuadro robado y contactó con Giovanni Poggi, director de los Uffizi. En lugar de cerrar la operación por carta, ambos solicitaron examinar la pintura. Peruggia viajó a Florencia y se alojó en el Hotel Tripoli, hoy asociado al nombre de La Gioconda. El 10 de diciembre llevó el cuadro para que fuera revisado.
La autenticidad no dependía únicamente de una impresión visual. El número de inventario y las características de la tabla permitieron relacionar la obra con la pieza desaparecida del Louvre. Poggi informó a las autoridades y el proceso se preparó mientras Peruggia esperaba una respuesta. El 12 de diciembre de 1913 fue detenido por la policía. La Mona Lisa quedó bajo custodia de los Uffizi y fue examinada por especialistas y funcionarios italianos antes de iniciar su restitución.
¿Qué pruebas demostraron que Peruggia era el responsable?
La principal prueba fue la posesión directa del cuadro robado y la correspondencia que Peruggia había enviado para intentar venderlo. Sus cartas establecían el vínculo entre el acusado, la oferta y la obra recuperada. Además, sus declaraciones coincidían con diversos elementos de la investigación francesa sobre la salida del cuadro del Louvre.
El expediente judicial también recogió testimonios sobre la puerta de la escalera de servicio, la presencia de un trabajador en las inmediaciones y el traslado de un paquete compatible con las dimensiones de la pintura. No todas las afirmaciones de Peruggia fueron aceptadas sin reservas. Los investigadores consideraron inciertos algunos detalles y dejaron abierta la posibilidad de que hubiera recibido ayuda, pero no apareció una prueba sólida de una conspiración más amplia.
El juicio italiano concluyó que Peruggia era penalmente responsable y que su explicación patriótica no justificaba el robo. El Tribunal Penal de Florencia lo condenó en junio de 1914. La pena inicial fue de un año y quince días, aunque la sentencia de apelación la redujo a siete meses y ocho días, que ya había cumplido durante la prisión preventiva.
¿Cuándo volvió la Mona Lisa a Francia?
Tras su recuperación, la pintura fue mostrada brevemente en Italia. Se exhibió en los Uffizi de Florencia entre el 14 y el 18 de diciembre de 1913, y después fue presentada en Roma y Milán antes de regresar a Francia. La entrega oficial a representantes franceses se realizó en Roma el 21 de diciembre. A finales de ese mes comenzó el traslado hacia París, donde la obra volvió al Louvre a comienzos de enero de 1914.
El regreso recibió una atención pública enorme. Las multitudes que acudieron a ver el cuadro durante su exhibición italiana demostraron que el robo había transformado su importancia cultural. Antes de 1911 era una obra célebre de Leonardo entre otras piezas destacadas; después de la desaparición y la recuperación se convirtió en una imagen reconocible incluso para personas que nunca habían visitado un museo.
¿Qué cambió después del robo?
El caso obligó a los museos a revisar sus sistemas de seguridad, el control de empleados y contratistas, la documentación de inventarios y la protección física de las obras. También mostró que una pieza famosa podía ser sustraída no mediante una operación sofisticada, sino aprovechando rutinas ordinarias, accesos conocidos y una falsa sensación de seguridad.
La historia dejó además una lección sobre la relación entre prensa y fama. La cobertura mundial convirtió el espacio vacío del Louvre en una atracción y multiplicó el interés por la pintura. La recuperación confirmó la identidad del ladrón, pero también creó una leyenda que durante décadas exageró sus motivos y presentó el robo como una hazaña romántica. Las fuentes documentales ofrecen una imagen más sobria: fue un delito cometido por un antiguo trabajador que mantuvo la obra oculta, buscó compradores y terminó entregándose al intentar negociar con un anticuario.
Preguntas frecuentes
¿Quién robó la Mona Lisa?
Vincenzo Peruggia, un antiguo trabajador del Louvre de origen italiano, fue detenido y condenado por el robo.
¿Dónde encontraron la Mona Lisa?
La encontraron en Florencia, Italia, en diciembre de 1913, cuando Peruggia intentó venderla al anticuario Alfredo Geri.
¿La Mona Lisa fue robada por una conspiración internacional?
No hay pruebas fiables de una conspiración. Los documentos judiciales y las cartas conservadas relacionan directamente a Peruggia con el robo y el intento de venta.

